Paterson

Crítica de Héctor Hochman - El rincón del cinéfilo

La vida secreta de las palabras

Esta realización del reconocido director Jim Jarmusch no es otra cosa que un poema filmado, casi se podría decir poesía en estado puro, si no fuese que el director le da otra impronta con los detalles del guión, los nombres, los actos, la presentación de los personajes, las acciones o también la inacción.
Estructurada a través de capítulos nominados por los días de la semana, donde lo cotidiano no se hace rutinario gracias a la intromisión de la poesía de manera constante. Palabras que se repiten, y que se resignifican de manera diferente, empezando por el titulo del filme que hace mención a que las acciones transcurren en la ciudad de Paterson, New Jersey, los Estados Unidos, que retratan la vida de un conductor de autobuses que lleva el mismo nombre, y que en sus ratos de ocio escribe poesías, al igual que su ídolo William Carlos Williams, poeta que vivió durante el siglo XX en esa ciudad, y quien titulo uno de sus poemas más conocido como “Paterson”, en claro homenaje.
De manera constante hace anclaje en pequeños detalles, en las pausas, el vacío ya no aterra, la repetición no es tal pues el que repite se va modificando con y a través de su entorno.
Para que esto suceda debe contarse con una actuación del orden de lo increíble de Adam Driver, personificando a ese conductor taciturno, callado, casi inerte, pero muy observador y con demasiada vida interior, al mismo tiempo que no se asume como poeta pero es amado, respetado y sustentado por Laura (Golshifteh Farahani), su bella compañera de la vida que cree más en él que él mismo.
El diseño de producción se ve reflejado en el empleo de la cámara, usada tal cual un lapiz que va escribiendo y describiendo todo lo que aparece delante de ella como flotando alrededor del personaje, Jarmusch ama sus criaturas, por eso es capaz de enfrentarlas a la desazón absoluta sin que por ello pierdan su esencia.
Impregnando la pantalla de sencillez cotidiana, con un sutil sentido del humor, fino tan poético como los versos que Paterson le lee a su amada y que por magia del cine se extrapola con el espectador, en su reflejo como en un espejo de la propia vida de uno sin alcanzar a entender que de eso se trata todo esto, de los mínimos detalles cotidianos, que miramos pero no los vemos.
Una mirada reflexiva, serena, sobre lo que se pueda considerar una derrota o enaltecer como una victoria cotidiana de una vida que de no ser así se escurriría entre los dedos.