Pasión inocente

Crítica de Matías Gelpi - Fancinema

Mensaje

Es difícil entender qué nos quiere decir Drake Doremus con Pasión inocente. O mejor, uno preferiría pensar que intentó algo que no salió y se perdió en la monotonía, el acartonamiento y el lugar común.
Se nos cuenta un drama de tema típico: una familia más o menos funcional recibe a una estudiante de intercambio de enigmática mirada, que con su sola presencia empieza a desnudar todas las contradicciones, haciendo salir a la luz viejos remordimientos. Los personajes se acomodan rápidamente en sus roles unidimensionales: Keith Reynolds (Guy Pearce) es un profesor de música que no está contento con su vida; Megan Reynolds (Amy Ryan), la esposa, es una ama de casa controladora y absurdamente coleccionista; Lauren Reynolds (Mackenzie Davis), la hija adolescente con… problemas de adolescente; y Sophie (Felicity Jones), la estudiante de intercambio que viene a inmiscuir su mirada incómoda en la familia. Obvio, luego de unos minutos, nos damos cuenta de que la mirada incómoda de Sophie no es un extrañamiento constante y bastante impostado hacia el nuevo entorno, sino que es, lisa y llanamente, su forma de expresar que le gusta Keith, como si a Bella de Crepúsculo la hubieran trasplantado a esta película, y todos los que hayan visto esa pavada de vampiros giles sabrán lo que eso significa: amor virginal y frases berretas disfrazadas de filosofía.
Pero no nos detengamos tanto en Sophie, que es una adolescente pretenciosa más que esbozará Hollywood, sino que vayamos con Keith, que es un ser despreciable, un cobarde incapaz de enfrentar un solo conflicto, y cuyo claro problema es su incapacidad para enfrentarlos, cosa que la película de Doremus omite, aunque sí se encarga de su vida un tanto aburrida pero no tan opresiva como para justificar sus ansias de irse. Keith jamás muestra afecto por su mujer y su hija y se enamora del talento y la pose snob de Sophie al instante, aunque nunca se resuelve la tensión sexual de la relación. De hecho, Doremus trata el sexo con una distancia extraña, con incomodidad, sus personajes a penas lo mencionan y no lo llevan a cabo.
Digamos que Pasión inocente tarda mucho en avanzar, y luego hace aparecer la concreción de la relación que pretende contar y sus consecuencias en los últimos 40 minutos. Es decir, los primeros 55 estuvo desarrollando personajes de cartón en situaciones de papel maché con una fotografía perfecta. Este tedio generado en la primera parte hace que a lo último las reacciones exageradas de los personajes nos parezcan un tanto absurdas. Encima todavía nos queda el final, que es conservador y barato, pero justo: Keith queda donde se merece, donde no quiere estar.
Pasión inocente es una película de mensaje, pero todavía no sabemos cuál es el mensaje: por un lado se intenta justificar las acciones del deplorable Keith, y además Sophie se la pasa construyendo un discurso enredado acerca de las elecciones y la libertad que se pierde en el absurdo. Entonces podríamos concluir la siguiente moraleja: intenta dejar a tu familia por la primera pendeja con aires de artista que te cruces y tras las consecuencias arrepiéntete y vuelve a tu casa a sentir remordimiento e indiferencia. En fin.