Pasajeros

Crítica de Jessica Blady - Malditos Nerds - Vorterix

El que mucho abarca poco aprieta, y ese es el gran problema de “Pasajeros” (Passengers, 2016), película que, por momentos, intenta ser una dramaedia romántica, por momentos un drama existencialista y, cuando se acuerda, un thriller de ciencia ficción.

Morten Tyldum, director de “El Código Enigma” (The Imitation Game, 2014) –otra historia bastante desordenada-, se las ingenia para narrar una digna aventura espacial, pero pierde el foco de lo que realmente nos quiere contar.

Estamos de camino a Homestead Colony, un planeta ubicado a 120 años de la Tierra, un lugar para empezar desde cero donde no hay problemas ambientales, sobrepoblación, ni ninguna de esas porquerías que obligaron a los seres humanos a buscar otros horizontes más allá del sistema solar en este futuro no tan lejano.

La Avalon cruza la galaxia con más de cinco mil personas a bordo, pero en su travesía, a 30 años de la partida, una violenta embestida contra una lluvia de meteoritos causa desperfectos y el malfuncionamiento de una de las cápsulas de hibernación.

Jim Preston (Chriss Pratt), mecánico que decidió abandonar la Tierra en busca de una segunda oportunidad, despierta prematuramente pensando que ya ha llegado a destino, pero pronto descubre que es el único ser en todo el lugar, manejado por computadoras y el piloto automático que mantiene la nave en curso. No hay tripulación ni pasajeros a la vista, aunque todo está a su disposición. Bueh, todo no, ya que hay estatus entre los pasajeros y el bueno de Jim apenas alcanza unas de las categorías más bajas.

Sin la posibilidad de volver a dormir y con la perspectiva de morir solo en el espacio, Preston logra poner sus habilidades manuales al servicio de su confort y acceder a los lujos y entretenimientos que ofrece la Avalon. Tras un año de soledad, ya no hay diversión que pueda llenar su angustia y con la sola compañía de Arthur (Michael Sheen), un androide bartender, Jim está listo para tomar una decisión bastante drástica.

Ahí es cuando entra en juego Aurora Dunn (Jennifer Lawrence), periodista y escritora que, cual bella durmiente, logra cautivar a Preston, desde su hermosura hasta sus escritos. La locura y la falta de compañía arrastran al solitario Jim a realizar lo impensado: averiar la capsula de Dunn para que se convierta en su compañera de travesía.

Este es el punto central de “Pasajeros”, una reflexión bastante interesante sobre la soledad y la naturaleza humana. Lástima que esta premisa entra y sale de pantalla a cada momento, y la historia se llena de “obstáculos” que no van a ninguna parte. Pratt, solito en la pantalla durante el primer tercio de la película, no logra emocionar ni transmitir su angustia y desesperación, y sólo se queda con lo que mejor le sale: la cancheres y los chistontos que demuestra con la mayoría de sus personajes.

La química con Lawrence no está mal, ella sabe llevar mucho mejor a su afligida escritora en busca de aventuras, pero el clima, la conexión y la traición que se va construyendo entre ambos se corta abruptamente con elementos sin mucho sentido que insisten en sumarle dramatismo y tensión a un relato que no los necesita.

Lo que empieza siendo “Náufrago” (Cast Away, 2000), pronto se convierte en “Wall-E” (2008) –la Avalon tiene tantas semejanzas con el Axiom que da miedo (aunque sin los regordetes ocupantes) y hasta tenemos la escena de la parejita flotando en el espacio-, y claro que no pueden faltar las constantes referencias a cuanta película espacial se les ocurra.

En un abrir y cerrar de ojos, “Pasajeros” pierde el rumbo y nos empieza a contar otra cosa, las incongruencias argumentales son tan grandes (más de cinco mil pasajeros a bordo y una sola unidad médica, ¿qué?) que ya no hay forma de salvar una trama que no conoce su verdadero camino.

Visualmente impecable y con grandes efectos especiales que nos sumergen en la soledad y profundidad del espacio, sin embargo esto es lo único rescatable de una película que la pifia desde su casting, pero mucho más desde la concepción del argumento. Hay drama, hay romance, hay acción… tal vez demasiadas cosas, aunque un director y un guionista más capacitados podrían balancear todos estos elementos de manera eficaz. Menos mal que Star-Lord y JLaw son lindos y cancheros porque esta mancha no se va a borrar tan fácilmente de sus currículums.