Panash

Crítica de Alejandro Lingenti - La Nación

La escena de la nueva música urbana ha crecido exponencialmente en los últimos años. Es un fenómeno internacional, pero en la Argentina tiene sus características particulares: una cultura en plena ebullición sostenida por las creativas rimas de artistas independientes y muy jóvenes que cuentan sin prejuicios su vida cotidiana, llena de dilemas y estrategias de supervivencia.

Y Panash es uno de los primeros reflejos serios y consistentes de ese mundo en el campo del cine. La película pone en escena el talento de diferentes raperos para desplegar su arte, pero también para transformarse en protagonistas de una ficción que cruza el melodrama y el thriller en una zona caliente del conurbano bonaerense.

Lo hace con un lenguaje visual contemporáneo, consciente del público al que mayormente puede interesar (el Instagram oficial del film tiene más de 22.000 seguidores) y zurciendo una historia simple pero elocuente que por momentos remite al antecedente célebre y virtuoso de 8 Mile: calle de ilusiones, el largometraje de Curtis Hanson que recrea parte de la vida de Eminem.

Aunque se ha venido promocionando como un relato ambientado en una Buenos Aires distópica, la cartografía es por demás conocida y absolutamente real: una ciudad atravesada por una profunda crisis económica y una desigualdad flagrante. Una película oportuna y en sintonía con su tiempo.