Pagliacci

Crítica de Gretel Suarez - Visión del cine

Un documental brasileño colectivo de Chico Gomes, Julio Hey, Luiza Villaça, Pedro Moscalcoff y Luiz Villaça, sobre el arte circense que nos brinda una clase magistral sobre la humanidad.
El film inicia con el monólogo presencial de un payaso, ubicado de pie en una vereda de ciudad, ofreciéndole a las personas que transitan a su alrededor sapiencias de la humanidad. “La vida es un circo y todos somos payasos”, dice. Sabidurías de payaso que en ese comienzo pueden no adquirir ninguna relevancia, pero llegando al final de la película rotan por completo el punto de vista sobre esta maravillosa profesión tan injustamente desatendida por la sociedad. Este payaso, quien ocupa un “no lugar” en el documental -es decir que se conecta con la historia por fuera de la realidad predominante del documental-, nos guiará junto a Fernando Sampaio, por el misterioso mundo del detrás de escena del circo y su gente, o mejor dicho, su familia.

Fernando Sampaio es un super artista, así llaman los cirqueros a los que realizan todo tipo de destrezas, quien desde el fallecimiento de su amigo y socio Domingos Montagner (2016) lleva adelante el proceso de construcción para una nueva versión teatral y circense de la ópera homónima.

Si bien el relato de Pagliacci (payaso en italiano) nos muestra cómo un hombre tímido fuera de los escenarios se transforma al convertirse en payaso, el metarrelato nos habla continuamente sobre la filosofía de la vida y sus formas de hallarse. El punto de vista de cada uno de los artistas entrevistados nos deja recalculando mensajes y preguntándonos sobre si nuestra elección de profesión, para el resto de lo que queda por vivir, es la correcta. Ellos nos muestran su casa, el circo y su gente, pero lo que más comenzamos a advertir es a nosotros mismos, cuál es nuestro circo y cuál es nuestra gente.

Desde el punto de vista de la realización, las áreas confluyen. La elección de un color desaturado en paletas terra y rojizos nos despierta emociones pasadas, recuerdos, olores, texturas, es un viaje directo a la infancia. La decisión de puesta de cámara en base a cómo filmar cada segmento del film es totalmente atinado. No se limita sólo a las cámaras en mano, efectivas pero clásicas, sino que los directores han elegido ubicar, durante los ensayos y la puesta, una cámara flotante logrando que la conexión entre técnica (cámara/montaje) y arte (actores/escena) bailen juntas, obteniendo así que, por momentos, sintamos estar ocupando el mismo espacio con ellos, como si nuestros ojos estuvieran observando al detalle desde la primera fila. En base a la elección del formato en 2.35, atípico para documentales, mantiene viva la ilusión construida por décadas de estos seres mágicos, elevándolos y generando misterio aun luego de verlos detrás de escena sin máscaras ni disfraces.

La próxima vez que me llamen “payasa” como insulto por algo que diga o haga sentiré orgullo.