Paddington

Crítica de Ramiro Ortiz - La Voz del Interior

Osito cariñoso

Paddington está basada en una serie televisiva británica de la década de 1970, sobre un oso peruano que es adoptado por una familia londinense.

Se trata en su versión para la pantalla grande al nivel de Babe, el chanchito valiente o Stuart Little, que -como tantas otras- lograron resultados muy buenos jugando con la idea de familias adoptando a mascotas fuera de serie.

Paddington es una película muy simpática, moderna, dinámica y con esa pizca de saludable locura que los británicos siempre se han permitido, a veces disfrazándola de "extravagancia" o "estilo".

Los efectos especiales son impecables, la fotografía exquisita, las actuaciones de primera, el ritmo atractivo, la música ligeramente exótica (mezcla de instrumentos nativos con letras en inglés).

Uno de los grandes temas es el de las estructuras familiares, la opción de darle la forma que a cada grupo humano le convenga y sin importar las opiniones ajenas, cuando el amor es la guía.

También se manifiesta el choque de culturas entre el oso y el imperio colonialista, éste último, como es sabido, bien pagado de sus costumbres, a las que considera parámetros incuestionables de civilización.

El gesto de la familia Brown de adoptar a Paddington es una infiltración en medio de ese modelo añejo, mientras que la villana que persigue el plantígrado para venderlo al Museo de Ciencias Naturales representa la peor resistencia a la igualdad.

Lástima que Paddington, el protagonista, no tiene casi nada de peruano. Huele a oportunidad desperdiciada para difundir algo más que el lugar común referido a este pueblo. Pero, en una película tan profundamente localista no sorprende. Más bien, mueve la conciencia sobre la importancia de querer lo propio, como los demás sabiamente hacen con lo que les toca, incluso con lo que cambiarían.