Paddington

Crítica de Lucas De Caro - Toma 5

EL OSITO PERUANOSITO

De la mano del director Paul King y el productor David Heyman (“Gravity” y “Harry Potter”), llega “Paddington”, una comedia infantil que narra las aventuras de un oso parlanchín amante de la mermelada. Este simpático animalito, debido a una serie de eventos desafortunados en su hábitat del “Lejano Perú”, debe ir en busca de un nuevo hogar. Por eso, y gracias al amor incondicional que comparte con su familia por Londres, el oso decide viajar hacia tierras inglesas. Luego, cuando lo adopta una familia y una taxidermista le echa el ojo, comienzan los más serios pero divertidos problemas para esta humilde criatura.
La historia se caracteriza por una estructura simple, clásica y sin fallas. En la introducción, conocemos los orígenes de Paddington, simpatizamos con él y tenemos ganas de darle un fuerte abrazo. Luego de un quiebre, el equilibro de esta situación da un giro de 180°, y por ende no sabemos que será del futuro de nuestro querido protagonista. Y ya cerca del final, cuando se cruzan todas las líneas narrativas, todo se resuelve haciendo que las aguas se apacigüen, ya sea para bien o para mal. Y por supuesto, contamos con la participación de un antagonista, en este caso de género femenino: una taxidermista (Nicole Kidman), cuya profesión consiste en disecar animales para exhibirlas en su museo.
Por otro lado, el film cuenta con algunos planos interesantes, bien centrados, con angulaciones inhabituales y con un colorido pastel muy agradable, similares a los que utiliza Wes Anderson en sus películas. Además, seguramente a muchos el oso les hará recordar a “Stuart Little” o a “Alf”, ya que se trata de un ser no humano que habla, que es un poco torpe pero tiene gracia, y que logra así ganarse el corazón de una familia típica y de todo su público. Las situaciones particulares graciosas, los flashbacks y las secuencias imaginativas, también son de esos detalles que llaman la atención. Por eso, lo más destacado de esta película se encuentra sin dudas en ese hipercontexto, que ayuda a alimentar y a darle algunos toques de originalidad al relato.
Sabemos que en la selva amazónica no abundan los osos, pero en fin, ese fue el origen elegido para este personaje. En consecuencia, parece que la moraleja final resulta ser un poco rara: aceptemos al animal del tercer mundo… Más allá de eso, nos encontramos con una producción redonda que cumple con su cometido y cuenta con un protagonista emocional. Además, al estar llena de casualidades y causalidades, no hay que pensar mucho para disfrutarla. Solamente hay que sentarse frente a la pantalla junto a la compañía de algún niño, abrir bien los ojos y preparar la boca para practicar muchas sonrisas. Disfrútenla.