Operación Cóndor

Crítica de Mex Faliero - Funcinema

HISTORIAS DEL GENOCIDIO

En el documental Operación Cóndor, los directores Andrea Bello y Emiliano Serra reúnen una serie de testimonios de personas vinculadas a víctimas de las dictaduras sudamericanas, todas relacionadas con la operación de inteligencia del título, que tuvo el aval de la CIA entre mediados de los 70’s y comienzo de los 80’s y destinada a eliminar el ascenso de referentes de los partidos de izquierda. Una movida que junto al secuestro y desaparición de personas tenía relación con la imposición de un sistema económico y social, que marcó las bases para la destrucción del orden productivo y cultural en los países de la región, algo que podemos rastrear hasta el presente, como bien dice uno de los testimonios. En esa intención de unir pasado y presente, la película emite su opinión más potente y su denuncia, la cual tiene el tino de no convertir en panfleto. Y esa es la mayor virtud de Operación Cóndor, la cual se desmorona en la innecesaria secuencia de créditos.

Por la cámara de Bello (la directora murió el año pasado) y Serra pasa un interesante collage de voces, que narran episodios ocurridos en Chile, Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay. Los relatos, en ocasiones, son escalofriantes, con la tensión que generan siempre este tipo de historias vinculadas con los crímenes de lesa humanidad perpetrados por gobierno dictatoriales. En ese sentido, estamos ante un documental que antes que descubrir algo, lo que hace es ilustrar y organizar una serie de eventos que, por acumulación, terminan construyendo un sistema y dan una idea de contexto, del mundo que transitaban los padres, hermanos o amigos de aquellos que hablan, víctimas cuya ausencia alcanza cierta corporalidad desde el recuerdo y la memoria. Como se escucha por ahí, es esa ausencia la que se vuelve clave en la causa de los desaparecidos, la que le da fisicidad a la idea del que “ya no está” y la que obliga a perpetuar la búsqueda (de justicia y de lo que no están).

Lamentablemente Operación Cóndor no traduce ese manejo de los testimonios a lo formal: tradicional en el sentido del uso del busto parlante, hay sí una idea más moderna de mezclar voces y eventos como para construir un tejido tan heterogéneo como cerrado, pero que no es más que una distracción. La película es muy lineal, incluso en su mirada. El documental no puede disimular que detrás del relato de los protagonistas no hay mucho dato concreto que lo refuerce. Y si bien podría funcionar como recopilación, los cierto es que hay poco novedoso en lo que se escucha. Tampoco se observa una intención de los directores por indagar sobre lo que los protagonistas dicen, de poner su propio relato en tensión o el de la película. Así es como hay temas interesantes que se exponen sin una continuidad discursiva y la película queda relegada al lugar de comprobación de tesis; una para la que no precisábamos ver Operación Cóndor para corroborarla. Lo que pasó fue horrendo y es necesario que no se repita. El documental no va mucho más allá de eso.