Omisión

Crítica de Victoria Varas - La Voz del Interior

Se dice el pecado...

El sigilo sacramental podría haber sido un buen punto de partida para una interesante estructura argumental. Un sacerdote que vuelve luego de 10 años a su barrio recibe la visita de un penitente que acude a la iglesia a expiar su culpa luego de ejecutar un par de muertes. El Padre Santiago (Gonzalo Heredia) se encuentra, a partir de allí, en una encrucijada que debiera bastar para sostener todo el filme: ¿Romper el secreto de confesión o amparar el crimen y caer en pecado de omisión?

Tal vez esa mera contradicción del sacerdote hubiese alcanzado para sustentar una historia de suspenso con inclinación al policial, sin embargo el director Marcelo Páez Cubells optó por anexar a la intriga principal una buena cantidad de fórmulas del thriller clásico. Venganzas, mentalidades patológicas, aberraciones sexuales, escenarios violentos, hechos ocurridos en el pasado que se develan hacia el final, la figura del perseguidor-perseguido son parte de una cinta que no se quiso quedar con ganas de nada (incluso hay en el medio una historia de amor no cerrada) pero que, fiel a su título, debería haber omitido ese abarrotamiento narrativo.

La trama no deja piezas sueltas, las muchas partes que componen la intriga se mantienen conexas, el problema es el cómo. Carlos Belloso es un terapeuta que planea una venganza familiar y que diseña un circuito mortal de varias postas para atrapar a su presa final. Lo siguen de cerca Santiago Murray y su ex novia, ahora fiscal. La elección de las primeras víctimas es de orden religioso y moral. Arrogándose el derecho de juzgar y castigar, el terapeuta mata a pacientes que, según su óptica psicótica, no merecen vivir. El artífice de esa justicia por mano propia se devela con las primeras tomas, olvidando una máxima religiosa bien instalada en el imaginario popular: "Se dice el pecado pero no el pecador".

Develar rápidamente la identidad del criminal es una opción inscripta en los horizontes del policial negro y una forma válida de afrontar un thriller. Pero si se conoce el malhechor, por regla general el espectador debe descubrir junto con el protagonista los motivos de esa peligrosa mentalidad y evitar que se siga expandiendo la serie criminal. Y ese recorrido no puede carecer de inesperados sobresaltos y momentos tensos. Y he allí el error de Omisión. Con buenas actuaciones y un guion justificado en exceso, la película no genera la atmósfera y los vaivenes necesarios para postularse como una buena película de suspenso.