Oculus

Crítica de Rodolfo Weisskirch - Loco x el Cine

Redrum… Redrum…

“Llega un momento en la vida de cada padre en la que desea matar a sus hijos”

Stephen King

Aquel que haya leído a Stephen King, sabe que su literatura no aterroriza a fuerza de golpes de efecto o criaturas sobrenaturales. Stephen King aterroriza porque nos confronta con nuestros miedos internos, sus personajes no enfrentan monstruos del más allá, sino demonios propios, que los golpean y carcomen dentro de sus mentes. La literatura de King habla sobre los propios demonios del autor: la adicción a las drogas, el alcoholismo, el abandono paternal, la presión de un pueblo conservador y básico sobre sus hombros.

Acaso el mayor atractivo que tiene Oculus – segundo largometraje de Mike Flanagan – no es tanto su mc guffin sobrenatural – los espejos son un lugar común del género – sino la verdadera tragedia que rodea a los personajes, una maldición de la que parece imposible escapar.

Desde que inicia el film empezamos a conocer el crimen que atormenta a Kaylie y Tim Russell: su padre intentó asesinarlos doce años antes, y el pequeño Tim evitó que asesinara a su hermana disparándole en la cabeza. En el presente, Tim acaba de ser dado de alta de un hospital psiquiátrico y Kaylie está comprometida con un empleado de bienes raíces. Sin embargo, antes de que esto suceda, ella logra adquirir un misterioso espejo, que según ella fue el desencadenante de la tragedia en la familia.

Mientras que ella afirma que espíritus sobrenaturales se apoderaron de su padre – Rory Cochrane – su hermano piensa que crearon toda esa historia sobrenatural de niños para ocultar una posible infidelidad que tenía su progenitor, y que fue descubierta por su madre, quién también resultó víctima de su marido.

A través de un montaje dinámico que nos lleva constantemente al presente y pasado, reconstruyendo simultáneamente ambos momentos, nos vamos enterando de que el espejo siempre tiene dos caras. Según la perspectiva, podemos creer que estamos viendo una historia de fantasmas sin ojos que manipulan a los protagonistas engañando su vista y su mente en forma espacio – temporal, o un drama familiar psicológico sobre una familia que se desmorona a partir del desmoronamiento de la figura paterna.

¿Les suena padre que enloquece en su propio hogar e intenta manipular a su familia después de hablar con fantasmas que aparecen del otro lado del espejo?

Claramente, podríamos decir que hay referencias de Espejos Siniestros (versiones japonesa y estadounidense), pero desde la estructura y tono guarda más similitudes con El Resplandor. Además la estructura pasado-presente es muy común en la literatura del maestro del horror.

El hecho de que la mayor parte del film esté visto desde la perspectiva de los hermanos ayuda a empatizar con los protagonistas, y también a preguntarnos hasta donde estamos siendo manipulados los espectadores. Durante el desarrollo – lento, pausado para crear un clima tensionante y expectante – Flanagan va abriendo diversas trampas, que desafortunadamente caen en resoluciones previsibles y un poco menos inspiradas que la premisa del film.

A pesar de eso, Oculus consigue evitar algunos clisés del género. No reposa toda la tensión en la música o efectos sonoros, es cautelosa a la hora de usar efectos especiales y confía en un elenco bastante sólido que construye interpretaciones verosímiles dentro de las limitaciones del terror. Es un film que se construye con recursos cinematográficos: armado de encuadres, montaje, fotografía. En este sentido guarda varias similitudes con la exitosa Mamá del argentino Andrés Muschietti. No solo porque los protagonistas son una pareja de hermanos, sino porque al igual que el film con Jessica Chastain, Oculus también está inspirado en un corto del director, y utiliza bastante steady cam para seguir a los protagonistas.

Como bien indica el título, el film juega con la mirada atenta – los ojos – del espectador y los personajes. Con un equilibrado uso del humor negro, el gore y el drama, sorprende por ser una propuesta que logra darle una vuelta de tuerca a un género que debería estar agotado, pero que a pesar de todo, de vez en cuando sigue dando sorpresas.