¡Nop!

Crítica de Maximiliano Curcio - Revista Cultural Siete Artes

Película soberbia, divertida, aterradora y fascinante. Un entramado de secuencias extrañas, raras, fantasiosas conforman un abordaje de indudable aroma western, ambientado en las afueras de Los Angeles. Una banda sonora con ecos al gran Ennio Morricone adorna la propuest, algo oscuro está pasando entre las colinas. La luz se corta, un aire raro surca las alturas. Lo imposible se hace real. Los malos milagros se cumplen: los hermanos Haywood no están solos.

“Nop” es autoría del cineasta neoyorkino Jordan Peele, un emblema contemporáneo del terror, gracias a films como “Get Out” (2017) y “Us” (2019); también es guionista de la nueva versión de “Candyman” (2021), quien aquí utiliza el punto de partida de su nuevo relato desde un encantador guiño a los orígenes de la historia del cine. Los experimentos sobre la cronofotografía del realizador Edward Muybridge (en “The Horse in Motion”) sirvieron de base para el posterior invento del cinematógrafo (inaugurado en 1895), futuros avances tecnológicos y hasta estudios anatómicos. El enlace histórico no pudo ser colocado de forma más magistral. La referencia preciosa nos adentra en una historia que no tarda en tomar su color; incomodidad, estupor y miedo rezuman a cada instante. Algo cotidiano puede virar en una amenaza anómala, inquietante y temeraria. En otras palabras, la presencia aberrante dentro de un contexto de lo más habitual.

Esa es la premisa de un realizador que se nutre de referencias al cine de Jeff Nichols (“Take Shelter”, “Midnight Special”), también de atmósferas cercanas a Steven Spielberg o M. Night Shyamalan. Secuencias inmersivas nos llevan a percibir la tensión de lo macabro, mientras una espléndida dirección de fotografía congela la esencia de un Hollywood que parece sobrevivir a la invasión de superhéroes. Peele se convirtió en una de las principales caras del terror en muy poco tiempo, apenas un lustro. Aquí, reafirma sus credenciales y nos convence rápidamente. El viento sopla y la postal cobra dantesca forma. La sutileza del director siembra señales desde el título original: la expresión idiomática de negación al que refiere podría ser un tipo de interpretación más explícita (¡no, no, no!), si bien cierto sentido oculto puede descifrarse a partir de la sigla que describe una invasión alienígena.

“Nop” es pura metáfora y metacine. Abundan mensajes encriptados que no caen en lo pretencioso. Fotografía y cine son lenguajes imbricados en el centro del argumento. La nave espacial dispara sin flash: no miremos a sus ojos y sobreviviremos. Imperioso resulta seguir la pista y prestar atención a los detalles. Tarda en desatarse el misterio, pero una vez que se echa a andar una maquinaria escalofriante (inclusive cayendo presas de ciertas bromas que consiguen asustar) seremos intrusos atestiguando algo aterrador.

No faltarán, a lo largo de las dos horas de metraje, teorías conspirativas acerca de historias de alienígenas ancestrales acalladas por los medios de información. La documentación desclasificada por el gobierno americano es una fuente de inagotable interés; ten cuidado con lo que deseas, dice el refrán, o puede que la ambición se convierta en el peor error del cual no despertaremos jamás. Puede que la imposición de nuestra fuerza se vuelva en contra.

No es el morbo el que condena a la condición humana, si bien la revelación de un vil espectáculo nos convertirá en víctimas de aspecto freak. Más tarde que temprano seremos residuos lamentándonos. Un ser colosal nos hace sentir insignificantes y a la deriva, acaso preguntarnos qué sentido tiene la vida. Incluso podríamos ser capaces de hacer un sacrificio con tal de capturar una instantánea histórica. El film construye una atmósfera sombría que no desestima aires de comedia sutilmente incorporados. Distanciándose del mensaje social y de su reflexión acerca de temáticas de índole, Peele busca otros horizontes conceptuales sin prescindir de sus huellas estéticas más conocidas. Un parque de diversiones pronto puede mutar en un festín de horror y sangre. Las marcas autorales se multiplican.

Encontramos aquí a un director que sabe explotar las bondades de la cámara (foto) cinematográfica. La cosa espacial asemeja a un ojo gigantesco que todo lo ve. ¿Estamos siendo vigilados de modo omnisciente? Una nube estática siembra dudas, al tiempo que la naturaleza es convertida en un espectáculo. “Nop” alterna registros de VHS, mientras el instinto animal devora a los de su especie y lo subliminal adquiere sustento. Dominación, aniquilación, depredación. Reflejos y simbolismos que espejan las conductas impulsivas. ¿Lidiamos con la furia de seres semejantes o inferiores a nuestra superioridad? A quienes hacemos ‘funcionar’ a nuestro rédito y beneficio. Peele ha dado, una vez más, en el centro de la diana.