Neruda

Crítica de Roberto Iván Portillo - Cuatro Bastardos

Neruda: Puedo capturar al poeta más buscado esta noche.
Larraín saca su artimaña más poderosa para mostrar un policial original y divertido; y así describir el perfil de uno de los poetas más famosos del mundo.
La película “Neruda” tuvo mucha repercusión internacional por parte de los festivales (apertura del 31º MDQFest) y consiguió algunas nominaciones en premiaciones prestigiosas (nominación a los Globos de oro y otra a Critics Choice Award). Pero ante la prueba mayor del Oscar, fue la representación de Chile por la categoría mejor película de habla no inglesa, quedó afuera antes de lo previsto sin siquiera llevar a las 9 preseleccionadas. Decayendo la figura de Larraín ante la aclamada Academia que también ignoró en parte a su otra obra Jackie, próxima a estrenarse en nuestro país.
La figura del Premio Nobel de Literatura, Pablo Neruda, siempre fue de interés popular. En especial para los artistas, y quien más que el realizador chileno, Pablo Larraín, para crear una nueva mirada picara, dramaturga, una construcción con todas las fisuras posibles que los artistas tienden a tener.
Se construye el personaje desde adentro para contar sus acciones desde afuera. Deja de importar sus acciones y comienza a mezclarse sus convicciones y pasiones internas para desembarcar al verdadero poeta. Pero ¿De qué forma lo hace el director? Los ojos del otro son la clave de esta observación.
El largometraje nos deja en claro que no es un biopic normal, es un rejunte de la visión de su perseguidor y las pistas que vemos que deja en lugares clandestinos, oscuros pero que tienden alzarse para mostrarse.
El film tiene un inicio olvidable. Peluchonneau, el detective a cargo de atrapar al comunista más famoso del momento, nos cuenta su historia en una presentación en voz off (que por momentos es abusiva) donde el relato va mostrando los personajes y objetos en juego. Sin embargo, es también su subida a medida que el metraje continúa que la hace grandilocuente.
La interpretación de un Gael García Bernal apasionado le da vida al tétrico policía/detective, (el mexicano tiene afán por la poesía, incluso recitó un repertorio de Neruda en Diarios de Motocicletas), quien busca constantemente su orgullo, que cree haberlo perdido por decisiones fuera de él y que el único que puede enmendarlo son sus méritos. Solo y sólo él puede obtener crédito de escanear al militante de izquierda.
En cuanto a Luis Gnecco, solo basta escuchar al verdadero autor de “20 poemas de amor y una canción desesperada” para comparar el calco que se realizó el actor veterano.
Mientras que Mercedes Morán interpreta la pintora Delia del Carril (la segunda esposa del escritor) que da aire a la trama y genera un clima fresco y tendencioso en la figura del poeta. Son esas contradicciones, esas relaciones las que no tienden hacia el final.
El realizador latinoamericano se vuelve a apoyar en su camarada Guillermo Calderón para la estructuración del guion que contiene chiste ingenioso pero cae en la reiteración. Además, de una fina recreación de los años ´50.
La propuesta tiene fuerza en la reivindicación del género policial. Y Larraín demuestra que es una de los mejores directores de América Latina de los últimos años.