Nadie

Crítica de Diego Lerer - Micropsia

Esta película de acción con tono de comedia se centra en un hombre en apariencia común que quiere vengarse de los que le robaron una pulsera a su pequeña hija. Protagonizada por Bob Odenkirk («Better Call Saul») y escrita por el guionista de la saga «John Wick».

Ninguno de los presentes pensaría en Bob Odenkirk como una estrella del cine de acción. El comediante que viró a actor dramático como el abogado inescrupuloso Saul Goodman de BREAKING BAD y BETTER CALL SAUL es un excelente intérprete pero no es a quien uno llamaría cuando necesita un action star. Pero –créanme los más jóvenes, lo que diré es totalmente cierto– hasta 2008 nadie hubiese creído que Liam Neeson, en ese entonces de 56 años, iba a convertirse en una taquillera estrella de híperviolentas películas. A sus 58 años, quizás le llegó el turno a Bob de convertirse en su sucesor en la carrera por el título «más inesperado héroe de acción».

Convengamos que no hacen estrictamente lo mismo. NOBODY, la película que protagoniza y en la que interpreta al personaje que de algún modo le da título, tiene un aire de comedia que marca claras diferencias con la típica película de acción tanto de Neeson como muchas otras. Derek Kolstad, su guionista, es el de la saga JOHN WICK. Y el film, dirigido por Ilya Naishuller (HARDCORE HENRY), combina una trama que bien podría tener a Keanu Reeves como protagonista pero a la que le agrega una suerte de entrecomillado irónico que la envuelve de principio a fin. Es un film de acción que se reconoce como tal, que admite sus códigos genéricos y se divierte con sus absurdas situaciones, pero que a la vez –por momentos– se toma bastante en serio a sí mismo.

Es una película, además, muy cambiante. Si uno, casualmente, viera sus primeros diez minutos y luego los últimos diez jamás pensaría que son parte del mismo film. Hay un comienzo, sí, que de alguna manera da a entender que la cosa viene envuelta de un gran guiño satírico. Ahí vemos a un hombre (Odenkirk), lastimado, esposado y detenido, ante un interrogatorio policial. Mientras los detectives lo miran con asombro, el tipo saca de entre su ropa un gato y una lata de atún para darle de comer. Le preguntan su nombre y responde, seco: «I’m Nobody«.

La película volverá en el tiempo para mostrar que, claramente, todo parece indicar que el tal Hutch Mansell es un «Don Nadie» cualquiera. Con un montaje entre ingenioso y canchero (el realizador de origen ruso tiene bastante experiencia como director de videoclips musicales), vemos a este hombre en apariencia timorato ir, literalmente, de casa al trabajo y del trabajo a casa durante varias semanas, llevando una vida anodina y convencional, con una esposa (Connie Nielsen) a la que casi no ve y dos hijos con los que tiene poca comunicación.

Un día todo parece cambiar cuando dos ladrones entran por la noche a su casa y el tipo los descubre. Hutch trata de aplacar los ánimos de los bandidos pero su hijo adolescente le salta encima a uno de ellos dándole la oportunidad a su padre de golpearlos con un palo de golf. Pero Hutch no lo hace y los deja ir, frustrando a su hijo que encima recibe un fuerte golpe en el rostro. Al llegar la policía y empezar a circular la información de lo que ha sucedido, todo se vuelve humillante para Hutch: su hijo lo desprecia, su mujer lo ignora, sus vecinos, jefes y compañeros de trabajo se burlan de su falta de hombría y reacción. Su pequeña hija es la única que le muestra cariño.

Hasta ahí la película parece tomarse en serio a sí misma y uno imagina que seguirá por esos carriles: un hombre normal, oscuro y anodino humillado frente a su familia que, de algún modo, inicia un camino de revancha. Y algo de eso sucederá, solo que Hutch no es un hombre común y corriente sino que tiene –como dice el título original del clásico de David Cronenberg– una «historia de violencia» ligada a un pasado misterioso que viene intentando dejar atrás. El giro al film de acción y, específicamente, a su costado más cómico, vendrá por el que termina siendo el motivo que dispara su deseo de su venganza: que los ladrones se llevaron una pulserita con gatitos de la niña.

La comparación con el motor de John Wick es obvia: allá Keanu volvía a la batalla luego de que le mataran a su perro. Y aquí es aún más absurda, como toda la película de ahí en adelante. El hombre empezará a buscar a los ladrones, eso lo llevará a toparse con mafiosos rusos cada vez más poderosos y muy pronto el «Don Nadie» probará ser todo un experto en esto de las batallas personales, las armas, la violencia y –casi en un guiño a BREAKING BAD— en soluciones ingeniosas para resolver situaciones extremas.

Una vez que uno reajusta sus expectativas y se acomoda al nuevo tono cada vez más salvaje, NOBODY prueba ser muy graciosa, divertida y bastante espectacular en términos de acción. Quizás Naishuller no maneje el arte de la lucha cuerpo a cuerpo y el plano secuencia como lo hace Chad Stahelski en la saga JOHN WICK pero logra de todos modos construir algunas secuencias que combinan impacto visual con mucho humor. La rareza del ejercicio es que, de tanto en tanto, la película parece volver a tomarse en serio a sí mismo, desacomodando en todo momento al espectador.

Si bien aquellas películas protagonizadas por Reeves tienen su costado gracioso, aquí de a poco se va volviendo más y más evidente ese tono. La musicalización irónica, lo absurdo de las situaciones (vean lo que pasa cada vez que Hutch intenta hablar de su pasado) y lo grotesco de varios personajes (Christopher Lloyd encarna al padre de Hutch, el actor ruso Aleksei Serebryakov interpreta a un poderoso gángster ruso bastante pasado de rosca) van llevando la película hacia la comedia hecha y derecha. Para el final, cuando una violentísima escena de acción parezca sacada de MI POBRE ANGELITO, ya la película habrá llegado a su punto culminante de acción, virulencia y absurdo.

Pero la clave de NOBODY, lo que logra que la apuesta no descarrile hacia el ridículo total y siempre mantenga su precisa lógica interna, está en la actuación de Odenkirk, quien sabe que aún poniendo cara de piedra durante toda la película logrará que la gente igualmente se ría. Es casi un combo de cine mudo, a lo Buster Keaton o Harold Lloyd: solo verlo mirar la destrucción que se genera a su paso produce, además del impacto visual de cada escena, muchísima gracia. Eso sí, habría que chequear si alguien que jamás lo vio en el rol de Saul Goodman lo encuentra tan divertido como lo hacemos los que estamos familiarizados con su extraordinario personaje televisivo.

Lo que no hay duda, a juzgar por el éxito de NOBODY en los Estados Unidos (éxito relativo por la pandemia, pero con mucho de film de culto y apertura a infinitas secuelas), es que Odenkirk ya encontró un nuevo personaje para seguir una vez que terminen las aventuras de su peculiar abogado. Un nuevo héroe de acción para entretener a los «grupos de riesgo» durante unos cuantos años.

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