Mujercitas

Crítica de Hugo Zapata - Cines Argentinos

Mujercitas es uno de esos clásicos de la literatura que cada tanto vuelve al cine, como los Tres Mosqueteros de Dumas, con el objetivo de acercar estos personajes a una nueva generación de espectadores.

Con las vivencias de la familia March, inspirada en las experiencias personales de la autora Louise May Alcott, se hizo de todo hasta una recordada serie de animación japonesa en los años ´80.

La mayor virtud de esta nueva versión, además de ser una película impecable en todos los rubros técnicos, se centra en la habilidad de la directora Greta Gerwig para tomar una novela que tiene 150 años e intentar hacerla relevante para el público de la actualidad.

Como era de esperarse en esta oportunidad se expandió la retórica feminista, que ya tenía la obra original, con un mayor foco en el personaje de Jo March, la chica que deseaba haber nacido hombre y buscaba convertirse en una autora profesional.

En este película Jo tiene el upgrade de empoderamiento que demanda la cultura de estos días con la idea de retratarla como una heroína que no perdió vigencia. 

Pese a todo, como adaptación de la novela original, el casting seleccionado y representación de los personajes, la obra de Gerwig pierde por paliza con la versión de 1994 dirigida por Gillian Armstrong.

Esto se puede resumir con un ejemplo muy sencillo.

Winona Ryder en la versión del ´94 era la encarnación viviente de Jo.

Saoirse Ronan en el mismo rol es una actriz profesional que brinda una buena interpretación.

Uno recuerda lo que hizo Christian Bale con el rol de Laurie en la película de Anderson y después lo ves en ese papel al sobrevaluado Timothy Chalamet y cuesta muchísimo comprar los elogios exagerados de la crítica.

Lo mismo ocurre con el resto del elenco, donde Florence Pugh tiene sus buenos momentos en la versión adulta de Amy pero pierde toda credibilidad cuando la interpreta a los 12 años.

Otra cuestión que trabajó mejor el film de 1994 al desarrollar el personaje con dos actrices; Kirsten Dunst en la pre-adolescencia y Samanta Mathis en la madurez.

Dentro del nuevo elenco una Emma Watson completamente desdibujada nunca encuentra un espacio para destacarse y Laura Dern como la matriarca de los March resulta olvidable.

Meryl Streep en uno de sus roles sobreactuados tiene el mismo destino.

Por consiguiente, este ensamble de artistas nunca llega a transmitir de un modo genuino la idea que conforman una familia unida, un elemento clave de esta propuesta.

 Otra debilidad notable es la elección de la directora por desarrollar la historia a través de una narración no lineal que salta permanentemente en el tiempo.

Un concepto que destruyó el desarrollo orgánico de los personajes y genera que las situaciones  trágicas o emotivas queden relegadas a viñetas anecdóticas.

De ese modo, el momento más dramático de la familia March no tiene el impacto emocional esperado porque la narración enseguida salta a otra situación en un tiempo diferente.  

Entre las cuestiones positivas, para no matar la película, se puede resaltar sus méritos en los aspectos visuales y la reconstrucción del período histórico que es impecable.

Hay muy buenos detalles como el hecho que cada personaje aparece permanente vestido con un color que retrata su personalidad y es una idea que está muy bien lograda.

En la parte técnica no se le puede objetar nada y cuenta además con la música de Alexander Desplat que nunca pasa desapercibida.

Ahora como tratamiento de la obra de Alcott  carece de la espontaneidad que tuvieron las versiones previas, pese a su cuidada puesta en escena.