Morbius

Crítica de Diego Batlle - Otros Cines

Apenas medio año después del estreno de Venom: Carnage liberado y a tres meses del arrasador éxito de Spiderman: Sin camino a casa, Sony y Marvel siguen alimentando la franquicia con un nuevo spinoff dedicado en este caso a otro de los antagonistas de El Hombre Araña, que ahora alcanza el estatus de personaje protagónico.

Si la primera parte de esta película del director de Protegiendo al enemigo, Crímenes ocultos y Life: Vida inteligente no es particularmente brillante al menos nos permite conocer los orígenes del personaje. Michael Morbius y Milo son dos niños que comparten una extraña enfermedad genética que los mantiene prácticamente postrados. Más allá de sus dificultades para caminar, Morbius tiene atributos dignos de un genio que con el tiempo lo convertirán en una eminencia en el campo de las investigaciones sobre la sangre. Tan eminente que este bioquímico ganará incluso el premio Nobel aunque terminará desairando a los suecos y rechazando la distinción.

Lo que realmente obsesiona al doctor Morbius es encontrar la cura a su dolencia (y la de su amigo Milo, que ya de adulto se ha convertido en millonario y es interpretado por Matt Smith). Y la encuentra combinando su ADN con el de los murciélagos para convertirse en poderoso vampiro, pero dependiente cada 6 horas (luego cada 4) de ingerir sangre humana. Las consecuencias, por supuesto, serán inmanejables.

Sí, Morbius tiene muchos puntos de contacto con Drácula, Batman, Crepúsculo y la larga saga de películas sobre murciélagos y vampiros, pero el film nunca alcanza a convencer dentro de los cánones del terror, de la estética de cómic ni de la épica romántica (la colega y objeto del deseo de Morbius es la Martine Bancroft de Adria Arjona).

Tras la presentación del universo de la historia, los dos amigos se irán distanciando con la atractiva Martine primero y con el mentor Emil Nikols de Jared Harris después como terceros vértices de sendos triángulos dramáticos. Pura fórmula dominada para un creciente enfrentamiento y sostenida con un despliegue de efectos visuales que a esta altura no resultan demasiado convincentes ni espectaculares.

Ni Venom ni Morbius cumplieron con las expectativas, pero ambas han logrado cautivar a un público lo suficientemente masivo como para que este multiverso se siga anabolizando. De hecho, las escenas que se intercalan durantes los créditos finales (con la aparición, por ejemplo, del Adrian Toomes de Michael Keaton) no hacen más que prometer nuevos spinoffs, crossover y todo aquello que haga que la máquina de producir (y recaudar) no se detenga jamás.