Monsieur & Madame Adelman

Crítica de Melody San Luis - Fancinema

HÁBLAME DE AMOR

“Todo se transforma”, diría Jorge Drexler. Y es así como vemos envejecer a esta excéntrica pareja de enamorados. No sólo pasa el tiempo en Monsieur & Madame Adelman, los personajes son atravesados por los minutos que se van de sus vidas. La fluctuación que viven es continua, porque ellos están en constante cambio por su característica de repensarse todo el tiempo.

Una de las cualidades mayores del film es su capacidad de transformación de carácter gradual y natural. Los protagonistas cambian y mucho, uno va aceptando el paso del tiempo y el envejecimiento como si en dos horas pudieran pasar cuarenta años. Pero cuando decimos transformación, no sólo pensamos en cambios físicos, aunque existen, obviamente. La complejidad de los personajes, su estilo de vida, los hace mutar por su manera de entender la vida, esa búsqueda constante por el conocimiento y la renovación de ideas.

Victor y Sarah son atravesados por el tiempo. El mundo cambia y ellos también. Somos testigos de dos cambios que se dan en paralelo. Por un lado, se da el crecimiento de los personajes y con ello cómo va afectando su actitud, sus ideas y hasta su aspecto. Por el otro, podemos ver cómo los personajes son parte de un mundo que va cambiando sus valores y su apariencia. Es posible visibilizar cómo en esos años la sociedad fue cambiando de forma repentina. Vemos que la tecnología ingresa a los hogares y cambia las formas de pensar y vivir.

Como Monsieur & Madame Adelman retrata la vida de dos escritores, junto con ellos aparecen, de forma indirecta, algunas de las teorías literarias, vistas desde el dilema real. Por ejemplo, la idea de ser un escritor comprometido con las situaciones sociales, la diferencia entre autor real o de papel, la idea de ficción, entre otras. La película cuenta, además, con detalles como la división en capítulos, con un título cada uno, como si se tratara de una novela.

Pero lo más interesante y que envuelve todo lo antes dicho es que es un relato enmarcado. Sarah es quien cuenta la historia y a través de sus ojos vemos qué sucedió. Pero no sólo eso, sino que es a través de los ojos de una escritora. Es así como somos presas en un juego en el que ella nos pone a prueba como espectadores, dejando pistas perdidas en escenas y diálogos. El relato deja huellas, al estilo de los grandes novelistas, para que los que lo leen puedan jugar y tengan la necesidad de volver a diferentes pasajes para notar el artificio.

El trascurrir de la película es intenso pero muy dinámico. El hecho de que Sarah sea quien relata todo el film le da una chispa de comicidad, ya que podemos suponer cómo muchas de las cosas que cuenta no sucedieron tal como las escuchamos. Por eso, estamos todo el tiempo ante un gran monólogo en el que ella piensa lo que Victor sentía. Es probable que el relato tenga esa intensidad también por estar apoyado en los ojos enamorados de Sarah, no hay réplica a ese amor, sólo es la visión de ella.

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