Monsieur & Madame Adelman

Crítica de Emiliano Fernández - Metacultura

Entre el amor y la manipulación

Buena parte de las películas europeas que se estrenan en Argentina responden a distintos estereotipos de los principales países del viejo continente: así no es de extrañar que una y otra vez nos topemos con la efusividad española e italiana, la frialdad de los alemanes y británicos y esa región anímica intermedia que suelen monopolizar los franceses. Estos lugares comunes nacionales obedecen a lo que podríamos definir como un “cine popular” dentro de las fronteras en cuestión, de allí que la fórmula se repita a más no poder a lo largo de décadas y décadas que fueron asentando un piso fijo de exportación para dichos productos. De una forma similar a lo que ocurre con el acervo estadounidense promedio, las obras independientes y las que van a contrapelo de la industria no llegan a estrenarse de manera comercial en casi ningún otro país más que en el de origen (si es que se estrenan).

Más allá de la dialéctica del esquema remanido y la pereza de los circuitos de distribución mundial que viven adquiriendo el mismo modelo de film ad infinitum, lo cierto es que un gran número de estos opus son comedias dramáticas que resultan cualitativamente muy superiores a lo que Hollywood tiene para ofrecer desde los 90 al presente (recordemos que las comedias de hoy en día del mainstream yanqui rankean entre los productos más grasientos, vacuos e insignificantes del panorama contemporáneo). Monsieur & Madame Adelman (2017), otra epopeya romántica que coquetea con el límite entre las risas y las lágrimas, pretende ser una propuesta mucho más ambiciosa que el promedio de su rubro pero a decir verdad se queda en el catálogo de recursos de siempre del enclave galo, bien cómoda en todas las “idas y vueltas” del corazón que corresponden a las parejas longevas.

Si tomamos en consideración que la obra es la ópera prima como realizador de Nicolas Bedos, hasta ahora un actor y guionista especializado en convites livianos, y que el señor escribió el guión junto a Doria Tillier, con quien comparte pantalla en casi todas las escenas porque de hecho el dúo compone a los Adelman del título, uno puede inferir que la empresa debe haber sido intimidante para ambos ya que además el relato se centra en un período de 45 años de relación, empezando en 1971 y llevando el metraje a nada menos que dos horas, una eternidad tratándose de un drama encarado desde el registro narrativo/ actoral de la comedia. Todos los detalles infaltables en esta clase de historias dicen presente: pareja burguesa, él un escritor paranoico y egoísta, ella una mujer anodina que evita los conflictos, etapa de gloria luego de unos cuantos histeriqueos, consolidación del vínculo, despegue de la carrera del hombre y fama, casamiento, dos hijos (un varón insoportable y una nena inteligente), estancamiento, celos e infidelidad, separación, regreso sutil a la soledad, etc.

Si hay algo que debemos concederles a los franceses en general es que no maquillan las miserias del cariño, mirando de frente a los problemas sin necesidad de encontrar esos chivos expiatorios externos del melodrama tradicional: a pesar de que Monsieur & Madame Adelman utiliza muchos clichés del cine galo (elogio de la pasión inicial, entorno bohemio, infortunios buscados por los personajes, diálogos hirientes entrecruzados, situaciones exacerbadas de frustración o venganza, una ciclotimia que nos pasea por la algarabía y la insensibilidad), por lo menos el relato nos mantiene todo el tiempo concentrados en la dinámica de la propia pareja vía la triada de siempre, esa compuesta por el ascenso del amor, una estabilidad transitoria y el inevitable declive. Como decíamos antes, al film le sobra una media hora de duración y no aporta nada novedoso en sí, no obstante se abre camino como un ejercicio correcto en el campo de las minucias del afecto y su contracara, una manipulación que aquí aparece vinculada a la creación artística más autoindulgente…

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