Monsieur Chocolat

Crítica de Santiago Balestra - Alta Peli

La Comedia es un genero complejo, pero no exento de sus mecanismos y, desde luego, de sus sombras. Monsieur Chocolat nos entrega una historia como tantas otras sobre la vida y obra de un artista, pero con el plus de animarse a ofrecernos una mirada a los funcionamientos internos de la comedia, y como estos son más antiguos de lo que solemos dar crédito.

Feliz por fuera, pero por dentro…

Monsieur Chocolat cuenta la historia de vida de Rafael Padilla, un inmigrante cubano ilegal, que busca hacerse un lugar en el mundo del espectáculo francés. La oportunidad le llega cuando Georges Footit, un payaso que quedó lejos de sus momentos de gloria, le ofrece conformar una dupla cómica (sentando el precedente de unir por primera vez al número del payaso blanco, de un humor sofisticado, con el número del augusto, que era de un humor más grotesco). El experimento rinde frutos y progresivamente pasa de los olvidados circos en el Norte de Francia a los mejores teatros de París, trayéndole la consagración.

La película es una historia estándar de ascenso y caída en el mundo del espectáculo, con el choque de egos, así como de los excesos y vicios que son moneda corriente en dichas historias. Si bien se toma sus licencias con respecto de los hechos reales, dramática y narrativamente hablando posee un desarrollo sobrio, prolijo, directo y sin pretensiones. Es, dentro de todo, una narración que encuentra un balance adecuado entre las luces y las sombras del personaje en cuestión. Esta moderación es la que le permite al espectador acceder a la historia humana del personaje.

Si bien Monsieur Chocolat abarca cuestiones como las de la raza, hace énfasis en el tema de la fama como instrumento para solidificar una formación contra la fama como excusa para dormirse en los laureles. Del mismo modo también abarca la vieja cuestión de la popularidad incuestionable de la comedia contra el prestigio del drama.

Tenemos una minuciosa recreación de época, en la que particularmente destacan las calles de París durante el siglo 19. Estos detalles están complementados por un vestuario detallado y una fotografía de colores cálidos, pero con un considerable contraste, particularmente en las escenas circenses.

En el apartado actoral, Omar Sy lleva la película en sus hombros dignamente. No es uno de esos roles que lo va a hacer trascender como sí lo hizo Amigos Intocables, pero está bien abarcado con el abanico justo de emociones sin llegar a exagerar. No obstante, cabe destacar la labor de su partenaire, James Thierrée, que tiene un gran manejo tanto de las escenas dramáticas como circenses. Lo que no sorprende tratándose de un descendiente de Charles Chaplin.

Conclusión:
Monsieur Chocolat funciona como drama. Valida de un guion prolijamente estructurado, actuaciones a la altura de las circunstancias y un prolijo apartado técnico, el resultado es un título disfrutable que invita al espectador a investigar y apreciar la historia de la comedia.