Monos

Crítica de Rodrigo Seijas - Fancinema

APRENDIZAJE DE GUERRA

No deja de ser interesante lo que viene sucediendo en los últimos años con ciertos exponentes del cine colombiano y las formas en que abordan distintas etapas de su propia Historia. Si Ciro Guerra retrataba en El abrazo de la serpiente las primeras inmersiones de la civilización occidental en el Amazonas e indagaba (junto a Cristina Gallego) en Pájaros de verano en los orígenes del negocio del narcotráfico, siempre teniendo en cuenta el rol jugado por las culturas ancestrales y con una poética donde lo contemplativo se emparenta con distintas tonalidades genéricas; hay un camino que emprende Alejandro Landes en Monos que establece algunas coincidencias, pero sin dejar de tener un desarrollo propio.

La película sigue a un grupo de jóvenes guerrilleros que quedan a cargo de una rehén (Julianne Nicholson) y una vaca lechera, siendo ambas tareas igual de importantes. Pero diferentes circunstancias se van acumulando, complicando esa misión, poniendo en crisis la dinámica relacional entre ellos y arrastrándolos a una especie de juego de supervivencia donde las reglas se van alterando constantemente. Las referencias y lazos que se pueden divisar en la puesta en escena son múltiples: si el arranque parece evocar a la Claire Denis de Bella tarea, con los cuerpos construyendo identidades propias desde los rituales de entrenamiento, la sexualidad latente y las muestras de poder por parte de las figuras de autoridad; hay también guiños a La violencia está en nosotros y La delgada línea roja en la contemplación de la naturaleza; y hasta una conexión casi subterránea con buena parte del cine estadounidense centrado en los recorridos de crecimiento de los jóvenes.

Pero el gran mérito de Landes es cómo logra que esta enciclopedia referencial (que incluye a unos cuantos exponentes más) no se delinee desde la mera enumeración, sino que tenga una apoyatura narrativa y genérica. Monos avanza con fluidez y escala en tensión desde su contacto con una aventura que incorpora al paisaje de las montañas y selvas colombianas casi como un personaje más; sin descuidar el componente bélico, que en unos cuantos pasajes juega un rol desde el fuera de campo –de hecho, hay un trabajo notable que pone en relación el sonido con el encuadre de los planos-; y presentando personajes atractivos que se definen desde sus acciones, hablando sutilmente también sobre eventos históricos que todavía se siguen discutiendo, y no solo en Colombia. Desde ahí es que la película adquiere una universalidad potente, en cómo consigue retratar una época particular que interpela a cualquier espectador sin caer en paternalismos o facilismos.

Es cierto que Monos le cuesta sostener esta estructura propia y libre: particularmente en su última media hora, el film va convirtiéndose en una especie de adaptación cinematográfica de El Señor de las Moscas, en la que también aparecen elementos propios de El corazón de las tinieblas y esa reimaginación que fue Apocalipsis now!, y es ahí donde adquiere un tono ciertamente sentencioso, que resulta contraproducente. En esos minutos finales, la película pareciera querer poner el mensaje por delante de los personajes y descuida un poco a sus protagonistas, que quedan un tanto sometidos al discurso político. Esa voluntad por querer decir algo más, por querer ser “importante” cuando ya lo que se estaba mostrando era claramente relevante, le quitan méritos a un film que previamente había construido un bello y a la vez inquietante relato de aprendizaje en el medio de un contexto bélico. Un aprendizaje corporal y violento, donde las identidades se configuran en el medio de los tiros, haciendo pedazos toda inocencia.