Minions

Crítica de Diego Curubeto - Ámbito Financiero

Los “Minions” justifican con creces su protagónico

Los pillos amarillos eran lo más popular de las dos "Mi villano favorito", por lo que no extraña que ahora tengan su propia película. Dado que los minions son engendros digitales que funcionan al por mayor y se comunican de modo casi monosilábico e ininteligible, tampoco debería llamar la atención que la película que los tiene como protagonistas casi ni intente narrar nada parecido a una historia más o menos coherente.

Pero la verdad es que, igual que en tantos films animados, y más aún tratándose de estos descerebrados minions, ésta es una buena noticia: aquí se aplica como nunca la tesis que afirma que si no hay una historia genuina a mano, cuanto menor sea la intención de simular un argumento, mayor es la posibilidad de que el asunto pueda resultar realmente divertido.

Por eso, un film animado que demora un tercio de su duración en ubicar al espectador en la trama principal, dedicándoles a sus protagonistas un increíble prólogo prehistórico, tiene como principal problema no haberse atrevido a seguir el disparate hasta el final.

La primera media hora, comenzando con una magistral escena de créditos que explica la concepción de los minions con el comentario musical de "Happy Together" por The Turtles, anticipa la ambientación flower power que vendrá luego. La explicación sólo resulta convincente dada la explosión de humor, colores y música que pronto ubica al espectador en una especie de Paka-Paka flojo en rigor histórico, pero muy eficaz en vértigo visual y catarata de gags, siguiendo a los minions mientras se asocian obsesivamente a villanos y monstruos de todas las épocas.

De un Tiranosaurio Rex al conde Drácula y hasta Napoleón los aceptan en su equipo, sin sospechar que la honesta y entusiasta ayuda minion siempre terminará arruinando sus planes. Al final, es Bonaparte el que se da cuenta del problema y manda a los minions a un gélido exilio en la Antártida.

Deprimidos y congelados durante casi dos siglos, los minions un día se ponen las pilas y mandan exploradores a buscar en algún lado mala gente que los quiera contratar. Eso los lleva a fines de la década de 1960, primero en Nueva York y luego en el Swinging London, lo que permite la mejor banda sonora de una película animada desde "Yellow Submarine".

Y aunque los minions aparecen en medio de Abbey Road, la música se nutre más que nada de The Doors, The Kinks (la secuencia/clip de "You Really Got Me" es una obra maestra en sí misma), The Who, los Rolling Stones, Donovan y Jimi Hendrix.

Pero claro, cuando la música y los minions dejan lugar a la supervillana que quiere dominar el mundo y robar la corona de la reina de Inglaterra, las cosas no funcionan tan incoherentemente bien y de golpe el ritmo se detiene, sobre todo cuando el espectador se da cuenta de que están tratando de forzar sus neuronas a seguir algo parecido a un argumento.

Si el público no cae en esa trampa seudoargumental y escapa a comprar pochoclo o lo que sea, regresando justo a tiempo para que el minion virtuoso del ukelele psicodélico intente interpretar "Foxy Lady", los pillos amarillos casi se saldrán con la suya.

Tal vez sería el momento de que los cartoons vuelvan a ser cortometrajes a la vieja usanza y no largometrajes difíciles de sostener argumentalmente. En aquel viejo formato, los minions serían dignos rivales de Bugs Bunny y el Pájaro Loco.