Miedo profundo

Crítica de Matías Gelpi - Fancinema

UNA BUENA CON TIBURONES

Vivimos en un mundo que tiende al olvido, o mejor, a la deformación de la verdad y de la memoria; por eso, es nuestro deber como críticos de cine recordarle al lector que Tiburón (Steven Spielberg, 1975) es una de las grandes obras maestras que ha dado el cine en toda su historia, y que lo es porque contiene en su germen el cine que la precede a la vez que incluye nuevas formas y elementos para el cine que vino después. Su éxito económico y artístico la volvieron inmensamente influyente a varios niveles, incluso en la tradición menos elegante e inmediata que generan los sucesos culturales de semejante tamaño: el cine que pretende explotar su estela de éxito. Tradición a la que, sin dudas, pertenece Miedo profundo.

Hay tantas películas de tiburones como las hay de zombis, la mayoría productos olvidables en la línea de la, apenas simpática, Sharknado (Anthony C. Ferrante, 2013). Pero sí, de vez en cuando, aparece algo rescatable como el drama indie Mar abierto (2003) de Chris Kentis o esa hermosa deformidad llamada Alerta en lo profundo (Renny Harlin, 1999). Hay que decir que esta película de Jaume Collet-Serra es también una de las excepciones, ya que cumple en esto de ser una buena película con tiburones.

Miedo profundo tiene una inevitable corta duración si tenemos en cuenta su premisa: Nancy (Blake Lively) llega a una playa distante oculta en algún rincón de México donde se dispone a surfear. Es atacada por un tiburón pero logra escapar y queda herida varada en una roca que apenas sobresale del agua, a 200 metros de la costa. El comienzo es contundente pero muy limitante, y sin embargo Collet-Serra se las arregla para estirar lo suficiente la tensión generada por el impulso inicial. Es cierto que el suspenso parece diluirse pasado los 50 minutos, con alguna secuencia dramática un poco estirada, pero la llegada del tramo final nos involucra de nuevo en el juego del depredador y la presa.

Collet-Serra se revela como alguien que tiene claro lo que quiere contar con esos pocos elementos que dispone en su película de premisa. Película que, además, sobre todo en el explosivo final, se define como un film de género y explotación sin la más minina culpa.

Entonces, Miedo profundo es un film de supervivencia con tiburones que tiene la suerte de contar con una actriz capaz y de gran presencia como Lively. Intentemos obviar el comentario sobre su belleza, y digamos que la buena de Blake se pone al hombro una historia que depende en un gran porcentaje de su performance para que funcione. Y no sólo compone un personaje creíble y querible, sino que demuestra pericia para las escenas de exigencia física. Su actuación es clave, porque si no nos importa Nancy, poco importa lo que pueda suceder con ese tiburón bobalicón primo de esos torpes asesinos que aparecen en Sharknado.

Miedo profundo es un pequeño triunfo, logra ser un buen film de explotación lo cual es una rareza, y más raro aún es un film de premisa que se sostiene casi hasta el final. Lo bueno es que es una película sin secretos, que basa su efectividad en las mismas herramientas con las que siempre puede contar el cine, una buena dirección y una buena actuación.

Bueno, también aparece una simpática gaviota que casi nos olvidamos de mencionar, y que suma algún punto.