Mi último fracaso

Crítica de Mariana Ruíz - CineramaPlus+

Sentadas a la mesa en un estudio de arte, cuatro adolescentes colorean y, son entrevistadas por la propia directora: Cecilia Kang. Ella les pregunta sobre que les gustaría ser cuándo sean grandes y que les parece la profesora, entre otros temas. Mientras las chicas responden, la cámara abandona el plano de sus rostros, iniciando una secuencia de planos detalle: manos, pinceles, paletas, dibujos. La directora introduce, de esta manera, el tema que abordara durante el filme, colocándose, momentáneamente, en la posición de entrevistadora, mientras otra persona registra la acción que se desarrolla.

En un abrir y cerrar de ojos nos encontramos al otro lado del mundo. Ahora las personas no son adolescentes sino mujeres maduras y ancianas. Cecilia vuelve a tomar el control de la cámara. De aquí en adelante Corea es nuestro centro, exploramos esa cultura en el marco de las costumbres y orígenes familiares de la directora y hasta se atreve a mostrar la historia de su hermana cómo modelo de vida.

Un paseo que realizan las mujeres. Una visita al cementerio. Un ritual de respeto y memoria. Fotografías junto a las tumbas de sus padres. Acciones que sin lugar a dudas producen un extrañamiento hacia el que desconoce esas costumbres, aunque inmediatamente se genera una sensación de entendimiento.

El filme está correctamente realizado, el trabajo de fotografía es preciso tanto de día cómo de noche. Sin embargo, el espectador puede quedar algo desconcertado, ya que no se brindan referencia alguna al momento de cambiar de un país al otro. La directora sabe lo que quiere contar, pero no lo muestra de manera efectiva, siendo la única entendida en estos cambios.

Esta situación obliga a revisar escenas para entender el parentesco que tienen entre si las mujeres que presenta en la película, su relación con la directora y, sobre todo, la línea continua del relato. Con un poco más de contextualización en las escenas, el filme se vería de otra manera.

Igualmente queda bien expresada la crisis que Cecilia tiene por encontrar su identidad, el lugar al cual pertenecer, la lucha interna consigo misma. Cecilia Kang tiene en claro su relato, sabe lo que quiere decir, a lo que apunta, aunque no la desvele la cabal comprensión del potencial público.

Por Mariana Ruiz
@mariana_fruiz