Metegol

Crítica de Jonathan Plaza - Función Agotada

Animación de autor

Metegol lleva a un nuevo terreno el universo Campanelliano. Para algunos esta afirmación será suficiente para pasar de largo la oportunidad de ver el film, para otros será todo lo opuesto. Lo cierto es que los condimentos ambientales de ese mundo por donde transita la filmografía del autor son recuperados y ampliados por tratarse de un film animado. La creación de los ambientes, del pueblo y de sus habitantes, de la plaza y del bar pueden ubicarse geográficamente próximos al universo de Luna de Avellaneda. El bar en Metegol es el corazón del espíritu del pueblo, expresa la vida de sus parroquianos y es el último foco de resistencia contra un "progreso" que no se puede detener. De eso también trata la película, de todo el anclaje ideológico que acompaña a la modernidad y su avance.

El conflicto no es el progreso contra el clasicismo sino lo que este progreso representa en cuanto a valores: el egocentrismo, el avance de la ciencia a niveles ridículos y su impacto en la naturaleza (este punto ejemplifica una de las secuencias más extrañas del film). Frente a él, mano a mano, todos los valores idílicos relacionados a la nostalgia del "todo tiempo pasado fue mejor". En este punto es interesante remarcar lo obvio, se utilizaron las nuevas tecnologías (para nuestro país claro está) para contar un relato cuya estructura y mensaje se encuentran en varios puntos con una tradición de producciones como las de García Ferré.

En esta estructura los adultos notarán estos mensajes como también las referencias cinéfilas a 2001, una Odisea del Espacio o Apocalipsis Now (en dos ocaciones), pero más allá de eso se trata de una película orientada a toda la familia y es ahí donde aparece el humor para unir las generaciones de los que jugaban al metegol con personajes con piernas, los que jugaban al metegol de naranjas y amarillos con una pala en vez de pies y los que jamás en su vida metieron una pelotita tratando de empujarla con el dedo para el lado de su equipo, o sea, los que jamás jugaron al metegol. Los chistes funcionan, todos y cada uno, y el acento lejos de molestar (como me había pasado en el tráiler) se convierte en la esencia de la comedia.

Los personajes, por su parte, están muy bien construidos. Los juguetes que cobran vida, con sus personalidades más estereotípicas, y los "humanos" que tienen (sobretodo Laura) una naturalidad a la que la animación no nos tiene muy acostumbrados.

Son justamente los personajes los que salvan al relato cuando la narración a cargo de Juan José Campanella se hace difusa en ciertos pasajes que cortan el espíritu inicial de la película y se hacen notar. Estos pasajes forman el punto más flojo y restan por apostar a la grandilocuencia. Para ejemplificar, cuando la narración demanda potrero la película da estadio.

Sin darle mayor importancia al hecho de que esté realizada en nuestro país, Metegol es una película de animación que entretiene y divierte. Su factura técnica es impecable y el contexto de las vacaciones de invierno es una oportunidad inmejorable para verla.

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