Metegol

Crítica de Isabel Croce - La Prensa

El fútbol nacional y popular

La película muestra una pequeña gran historia que significa mucho para los argentinos y que por esa misma autenticidad local, puede convertirse en un merecido éxito internacional.

Este primer filme animado de Juan José Campanella ("El secreto de sus ojos", "Luna de Avellaneda"), le demandó cinco años de trabajo, muchos colaboradores y veinte millones de dólares de inversión.

Partiendo de un viejo bar, que bien podría estar ubicado en cualquier barrio de Buenos Aires, o en una pequeña ciudad del interior, entre el clásico mozo gallego que atiende las mesas, los jubilados de siempre y el chico prendido al juego de metegol, se inicia la historia de una pasión futbolera, que arrimada al surgimiento del primer amor, es capaz de cambiar la realidad y hacer posible lo imposible.

Desde que uno observa al bueno de Amadeo, el protagonista, los muchachos de la barra de la esquina que le disputan la atención y la efímera victoria ante los concurrentes del bar, se intuye la venganza de los valientes en grupo.

EL VISITANTE

El futuro tiene la cara de Grosso, un muchacho que regresa al barrio, convertido en millonario crack de fútbol y su representante, dispuestos a arrasar el pueblo y convertirlo en un shopping temático de fuegos artificiales.
Lo que Grosso no sabe es que Amadeo y su amiga Laura, con sus animados muñecos de metegol, van a disputarle el mundo en un torneo de fútbol.

Con "Metegol", que recuerda a "Luna de Avellaneda", uno de sus filmes anteriores, Campanella retoma algunas de las constantes de su cine: la ilusión del barrio de la infancia, la conservación de la identidad, la ayuda de los más pequeños que luego van a resultar los más fuertes, personajes del metegol y antihéroes barriales metidos a jugadores de primera. El Bien y el Mal representados en la cancha de la vida, en la que conviven la demagogia del villano y la picardía de los jugadores del "picado" del potrero.

CANCHA DE VIDA

A esa caja de sorpresas de los jugadores de metegol, representantes de variantes porteñas tan risueñas como el filósofo de barrio, metafísico y sideral (impagable el personaje de Loco); Beto, el narcisista que habla de sí mismo en tercera persona; Capi, el ingenuo que repite manifestaciones de la fe como si fueran fetiches efectivos, se les une el equipo barrial, donde se pueden reconocer homenajes a pintorescos personajes de nuestra ciudad como "la Raulito", disfrazada de hombre y luciendo la querida camiseta de una pasión nacional.

"Metegol" sorprende por su perfección formal, la soltura gestual de sus personajes, la calidez de su expresividad, la verosimilitud del habla porteña, en el caso de Amadeo y la perfección de las voces. A esto se suma un acierto que enmarca la película, la parodia a "2001, Odisea del espacio", de Stanley Kubrick en el comienzo, como mitológico origen simiesco del fútbol y el estelar partido final.

"Metegol", junto con "Anima Buenos Aires", otra destacable película de animación argentina, que trabaja también con la melancolía y la identidad nacional, pueden considerarse pioneras de un formato inédito, algo así como un cine social de animación.

La película muestra una pequeña gran historia que significa mucho para los argentinos y que por esa misma autenticidad local, puede convertirse en un merecido éxito internacional.

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