Metegol

Crítica de Héctor Hochman - El rincón del cinéfilo

Pelota de trapo

Nada más acertado que reiterar lo que dice el negro Fontanarrosa en su cuento “Memorias de un wing izquierdo”, todo un dicho popular, que parece no tener justificación ni significantes: “El fútbol es el fútbol”.

De ese cuento, en realidad el cuento termina por ser un simple disparador , es a esa frase a la que se amarra el director Juan José Campanella para deleitarnos, más allá de algunas pequeñas cuestiones que tienen que ver con la estructura y el desarrollo del relato, con una realización netamente Argentina, donde los personajes son reconocibles per sé.

También es netamente reconocible una infinidad de películas a las que se hace referencia, directa o no, como homenaje o simple sustracción, algo que no queda del todo claro.

La primera y, por el hecho de ser eso, hace una referencia clara a “2001, Odisea del Espacio” (1968), pero en éste caso los monos no están en función del origen de lo humano sino en la creación del fútbol como juego, deporte y competencia.

El hecho que haya utilizado por primera vez la animación le otorga al texto un plus de significación e inclusión a priori al género de la animación, el que está evaluado como cine para los niños, aunque el mito ya se haya roto hace mucho tiempo.

Lo que es indudable es que el mismo género entrega la posibilidad de construir, recrear, y fomentar un verosímil para luego transgredirlo e igualmente permanecer en el orden de lo creíble.

La historia comienza cuando un padre, empujado por su esposa, le cuenta a su hijo, a modo de confesión, su propia historia y la del pueblo en el que viven.

Amadeo (David Masajnik) es un niño retraído, cuyo único lugar de placer en la vida es jugar al metegol. Esmirriado, flaco, sin nada de gracia, ni grandes luces intelectuales, aparentemente desarrolla una habilidad infrecuente para ese juego, ya nadie quiere enfrentarlo, no tiene contrincantes. En la vida cotidiana es otra cosa, los chicos, miembros de una barra de patoteritos en potencia, comandados por el Groso (Diego Ramos), el mejor jugador de fútbol del pueblo, lo hacen centro de sus burlas.

Pero se produce el milagro. En un desafío de metegol, al que el Groso impera para desacreditarlo frente a Laura (Lucia Maciel, en el personaje más logrado de todos), la chica de sus desvelos, pero Amadeo, apoyado e incentivado por Laura, gana, y esa será la única derrota del Groso en toda su vida.

El paso del tiempo nos devuelve a Groso convertido en una estrella de fútbol internacional, y su retorno al pueblo sólo tiene como objetivo la venganza: Comprar el pueblo e intentar reformarlo a su imagen y semejanza, esa es su estrategia, tal como sucedía en “Volver al futuro 2” (1989), para de paso aprovechar y “robarle” esa novia que hasta ahora no fue. Pobre de Amadeo, ¡atájate esta! Pero nuestro héroe intentará recuperarlo todo, no importa las vallas que tenga que sortear.

El daño ya se produjo. Lo primero, destruir el espacio de la vergüenza; lo segundo, hacer desaparecer el objeto intimidante e indicador de la derrota, el metegol roto y aquellos “soldaditos de plomo”, jugadores de tantas batallas, esparcidos por el basural.

Se instala un nuevo desafío entre los contrincantes, pero esta vez en el fútbol de verdad, el equipo de profesionales de Groso, contra el equipo de amateurs del pueblo.

La apuesta incluye nada más y nada menos que el pueblo. La necesidad de recuperarlo da pie a que Amadeo se haga fuerte en la desventaja, es su “pueblo” y puede rescatarlo de las manos del villano capitalista. En este punto hay una clara referencia a “Luna de Avellaneda” (2004), otra realización del mismo director, injustamente desvalorada por al crítica vernácula.

El filme está netamente dirigido a la platea infantil, pero con muchos guiños para los adultos, por lo que no sorprende ni molesta que los personajes, en su mayoría, estén construidos desde una mirada maniqueísta: El Groso es malo por definición y Amadeo (Amadeus: amor a Dios) es bueno por antonomasia.

Todo esto en los primero 20 minutos, durante los cuales la técnica de animación es impecable, y no tiene nada que envidiarle a las superproducciones hollywoodenses, pero nada de esto aparece justificado desde el texto, pero la animación, siempre y por esencia misma, promueve el milagro, es así que una gota de una lagrima de Amadeo cae sobre el Capi (Pablo Rago), el wing y cobra vida.

Acá comienza a justificarse la animación, pero empieza a perder un poco de consistencia el relato, no el desarrollo progresivo de la narración, sino los elementos constitutivos de la misma. En principio pierden presencia protagónica los hasta ese momento importantes, son los pequeños jugadores de metegol que cobran vida y protagonismo (aunque sólo a uno lo toca la lagrima de Amadeo), y estos son los que en definitiva hacen alarde del argentinismo futbolero. Aparecen el Beto (Fabián Gianola), el Loco (Horacio Fontova), y Liso (Miguel Angel Rodriguez), una selección de personajes identificables sin necesidad de entrar en grandes rasgos, sino desde los pequeños detalles, los que alcanzan para generar empatia con el espectador, hasta la misma marcación de actuación conformada por los diálogos, encontrándose ello en el orden de lo mejor del guión, pero no pueden sostener el cuento por las derivaciones implícitas en el mismo.

Esto es sabido por los hacedores de la producción y es por eso que retornan, de manera bastante desprolija, a los personajes actuantes de la historia, incluyendo por necesidad varios otros personajes satélites del relato que no tienen la calidad, calidez y solvencia de construcción de los otros.

Por supuesto que uno puede dar cuenta que al final no es más ni menos que la realización de uno de los directores relevantes del cine nacional en toda su historia, por lo que los temas recurrentes en su filmografía esta presentes, el amor, la amistad, el honor, la heroicidad, la pasión, lo popular, la solidaridad, como así también el egoísmo, la envidia, la violencia cotidiana, como parte de lo humano.

En definitiva, y a pesar de cualquier explicación, esta obra tiene sus mayores logros en los aspectos técnicos, en las cuestiones estéticas, hasta en la estructura narrativa clásica, que no es poca cosa, en cuanto a lo que va a generar el deseo de verla, ese homenaje a nuestra propia infancia, esa en la que perdíamos la noción del tiempo mientras jugábamos o en la cantidad de goles que gritábamos, queda relegado por las dos tramas principales del filme, la mencionada del rescate heroico, y la historia de amor.

¿Como terminó el partido? Es lo menos importante, lo mejor fue divertirse.

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