Mauro

Crítica de José Tripodero - A Sala Llena

Fe Noir.

La continuidad de la era post Nuevo Cine Argentino demuestra que hay capacidad para representar micromundos no estudiados, nuevos espacios, y construir -también- nuevas estéticas, más alejadas del fenómeno anterior pero sin renegar de esas líneas trazadas sobre personajes periféricos, más cercanos al mundo real que al imaginario cinematográfico. Este es el caso de Mauro, el protagonista de esta ópera primera que lleva su nombre. Su rebusque en la vida es el de ser un “pasador”, que significa encargarse de buscar cambio en la calle con dinero falso, al mismo tiempo que con un amigo (Luis) tratan de abrirse camino al fabricar por las suyas el dinero y venderlos a comerciantes y dueños de lugares populosos, algo marginales, con la ayuda de la mujer de su amigo (quien está embarazada). No obstante la trama no se ocupa exclusivamente de la “aventura” de este dúo, que oscila entre la amistad y la pelea por nimiedades, sino también de la cotidianeidad (palabra clave de este momento del cine nacional y que se vio potenciada en el BAFICI 2014, festival en el cual se presentó el film de Rosselli).

Lo que se ve aquí es la cotidianeidad de un personaje que pasa unos días en lo de su madre (un personaje adepto al cine clásico, menciona a Roman Holiday y las diferentes versiones de Motín a Bordo), pero también por la droga y algunos boliches, donde conoce a una joven con la que rápidamente se engancha. Gracias a ella llega una posibilidad para que Mauro y Luis hagan un gran trabajo y así abrirse camino, como si se tratara de un film noir. Hay algo de ese género, especialmente por el rol de la joven novia de Mauro que termina en un devenir casi de femme fatale. Algunas de sus charlas, post sexo, van por el carril de lo esotérico y de la fe, como así también del trabajo de él, el cual se basa en la confianza del que recibe esos billetes creados artesanalmente. Hacia el final Mauro y Mauro buscan salir a flote, después de la marea que inunda la cotidianeidad pero que no la sumerge hasta el fondo, algo que quizás le pasaría a un personaje bressoniano (hay un claro diálogo con El Dinero de Bresson). Rosselli (quién figura como un hombre orquesta en la dirección, producción, guión, fotografía, sonido directo y montaje) se anota en la lista de promesas gestadas en esta era para direccionar el futuro del cine nacional independiente.