Martin Eden

Crítica de Marcela Barbaro - Subjetiva

La novela homónima del escritor estadounidense Jack London dio origen a la nueva película del director italiano Pietro Marcello (La boca del lobo, 2009; Bella y perdida, 2015) al transponer la obra literaria, publicada a inicios del siglo XX, a la gran pantalla. La historia de Martín Eden, aquel hombre que se construyó a sí mismo sin medir las consecuencias de llegaría a ser, aborda temáticas que aún se mantienen vigentes y profundizados: la exaltación del individualismo, las contradicciones sociopolíticas, el éxito como fin y el sujeto preso de su condición de clase.

Mientras la novela original transcurría en Oklahoma (EE.UU), la versión cinematográfica la coloca en sintonía con la idiosincrasia europea, situando la historia en la ciudad de Nápoles durante el agitado período del Novecento.

El joven Martín Eden (gran trabajo de Luca Marinelli) es un marinero de origen humilde sin educación, que viaja de pueblo en pueblo para ganarse la vida. Una tarde, defiende a un joven agredido llamado Arthur, perteneciente a una rica familia de empresarios liberales, quien, en agradecimiento, lo invita a su casa. Allí conocerá a la hermana, Elena (Jessica Crespy) una joven refinada y culta de quien se enamora y se obsesiona en conquistar. Eden, movilizado por su gusto a la poesía, decide instruirse para convertirse en escritor y así poder alcanzar el amor de Elena y vivir de una profesión que lo jerarquice. Decidido a luchar por sus deseos, Edén enfrentará un dilema existencial en relación a su destino.

Filmada en 16mm bajo una textura fotográfica que se ajusta al clima de época, las imágenes remiten tanto a los pasajes aristocráticos de Visconti como a la lucha proletaria y socialista en el cine de Pasolini. La experiencia de Marcello como documentalista introduce en la narración imágenes reales que dan cuenta de los estratos sociales de una Italia dividida y convulsionada. A través de un interesante trabajo de montaje la mezcla de lenguajes produce un contrapunto visual y sonoro que genera distintas capas de sentido.

Al uso metafórico, se suman distintos recursos como el relato en off, el uso del blanco y negro, y la reconstrucción de los recuerdos que dialogan con el presente de Mario. Esas idas y vueltas en el tiempo aluden a la reconstrucción de la identidad a la que aspira un personaje cargado de contradicciones. En su afán de progresar y alimentarse de conocimientos, enfrentará un proceso introspectivo en relación a los vínculos que subsisten en su memoria y lo conectan a sus orígenes. Orígenes, que ante el hecho de ser un marinero devenido en escritor, generarán una tensión constante entre la nueva imagen que se construye y aquella de la que se intenta alejar.

Luego de su estreno mundial en la Mostra de Venecia 2019, la riqueza interpretativa de su protagonista, Luca Marinelli le valió del premio Copa Volpi al mejor actor de la muestra. La película también ganó la competencia Platform en Toronto, entre otras distinciones.

La riqueza de una historia como la de Martín Eden cargada de conflictos, frustraciones e ideales logra de la mano de Pietro Marcello funcionar como un espacio decidido a reflexionar sobre el poder de la cultura, los prejuicios de clase, el fracaso, el ascenso social y el amor como origen de una transformación física e intelectual que desconoce sus propios límites.

MARTIN EDEN
Martín Eden. Italia/Alemania/Francia, 2019.
Dirección: Pietro Marcello. Guion: Maurizio Braucci, Pietro Marcello. Intérpretes: Luca Marinelli, Jessica Cressy, Vincenzo Nemolato, Marco Leonardi, Carmen Pommella. Montaje: Aline Hervé, Fabrizio Federico. Fotografía: Alessandro Abate, Francesco Di Giacomo. Música: Marco Messina, Sacha Ricci, Paolo Marzocchi. Diseño de Producción: Roberto De Angelis, Luca Servino. Montaje de sonido: Stefano Grosso. Vestuario: Andrea Cavalletto. Duración: 129 minutos.