Marmaduke

Crítica de Laura Gentile - Clarín

Una historia predecible

"Marmaduke" no aporta demasiado. La dirige Tom Dey.

Si Hoollywood parecía haber agotado las historias de secundaria, con ganadores y perdedores, con fiestas "cool" a las cuales es difícil pertenecer, con antihéroe de preparatoria que intenta volverse popular para conquistar a la linda del lugar, Marmaduke representa otra opción: que todo eso le suceda a un gran danés y otros perros, tan parlanchines como él.

En realidad la película supone el salto al cine de una famosa tira cómica de los años 50 creada por Brad Anderson y Phil Leeming. Esta historieta seguía las aventuras de un perro llamado Marmaduke que hacía las delicias de sus lectores, complicando la vida de la familia con la que vivía.

El espíritu de la tira parece lograrse en los primeros 10 minutos de la película cuando el propio Marmaduke esboza un cuadro de situación presentando su vida con la familia Winslow: madre ama de casa, tres hijos y padre experto en marketing de alimento de mascotas.

Puede resultar simpático conocer el punto de vista de un perro que plantea que en realidad es él quien saca a pasear a sus dueños para ayudarlos a ejercitarse o cuenta cómo la única manera de soportar el odiado baño semanal es salir corriendo mojado por toda la casa, para agregarle diversión.

Sin embargo con la mudanza de la familia a la costa oeste, a Los Angeles -en busca de mejores horizontes profesionales para el padre-, la historia se instalará en el lugar común y en una especie de obsesión, la de hacerle hacer a los perros cosas de humanos: perros con anteojos de sol, perros "pinchando" discos, perros surfeando olas, perros cantando canciones de cuna a sus dueños.

Con la trama encausada hacia las rivalidades entre las distintas bandas de perritos que conviven en una plaza (los ganadores son los que tienen pedigrí, los loosers, los perros "comunes"), la historia se vuelve absolutamente predecible: no falta la fiesta descontrolada que organiza Marmaduke para ganarse la simpatía de sus rivales, el ascenso y caída del protagonista canino y su posterior huida pensando que nadie lo quiere. Ni el consabido encuentro con un viejo perro sabio que le aconseja que vuelva a su casa.

Así las cosas, la película puede resultar graciosa para chicos de 5 a 10 años, porque hay gags que están logrados, gracias al adiestramiento de los animales protagonistas. Aunque, algunas escenas puedan resultar quizás algo atemorizantes para los más chiquitos, por su tono realista, como cuando el perro patotero atemoriza a Marmaduke.

No será sólo Marmaduke quien aprenda la lección. Su dueño, enfrascado en la búsqueda de ascenso social durante buena parte del filme, también tendrá la propia: ¡lo importante es la familia!