Mariposa

Crítica de Ezequiel Boetti - Otros Cines

La ley del deseo

Un bienvenido cambio de rumbo (sin perder la identidad) del director de Ausente, Plan B y Hawaii.

Plan B era una comedia romántica hecha y derecha con el concepto “chico conoce chica” subvertido por el de “chico conoce chico”. Ausente se construía sobre las bases de un amor no correspondido entre un docente y uno de sus alumnos, erigiéndose así como una tragedia clásica. Hawaii amalgamó esas dos cuestiones tomando una premisa similar a la primera para narrarla con el tono por momentos solapado que preludiaba una explosión de la segunda, convirtiendo otra vez al deseo en una meta pero también una carga.

Las tres películas de Marco Berger habían mantenido una serie de recurrencias temáticas y estéticas que, al menos en los papeles, podían quedar atrás en Mariposa. Al fin y al cabo, la sinopsis de su último film, estrenado en la última Berlinale, permitía suponer una vuelta de tuerca sobre su exploración a las relaciones homosexuales, dividiendo por primera vez el peso narrativo en un hombre y una mujer e incursionando en una suerte de “ciencia ficción metafísica”.

Sin embargo, Berger construye una nueva exploración del deseo, la tentación de lo prohibido y la complejidad emocional de las relaciones interpersonales, en este caso a través de dos potenciales realidades para Romina (Ailín Salas) y Germán (Javier De Pietro): en la primera, como hermanastros a raíz del abandono de la madre de ella; en la segunda, como dos jóvenes unidos a raíz de una casualidad y su consecuente amistad.

Berger recupera la amenidad de su ópera prima apostando a un tono lúdico, algo melancólico y naturalista que remite al mumblecore norteamericano y a Ezequiel Acuña (allí está Salas para materializar los puntos de contacto), al tiempo que se muestra maduro a la hora de crear atmósferas, generar erotismo y delinear a los personajes y sus sentimientos mediante pequeños detalles. Sutil y profundamente honesta, Mariposa es, entonces, el inicio de un nuevo camino para Marco Berger. El primer paso es más que promisorio.