Marilyn

Crítica de Ariel Abosch - El rincón del cinéfilo

En el pueblo lo llaman Marilyn. Pero en realidad su nombre es Marcos (Walter Rodríguez), un adolescente que va al colegio secundario, vive con sus padres y un hermano en una casa muy mal conservada, dentro de una estancia que se dedica a la producción de ganadería vacuna. Ellos no son los propietarios, sino los puesteros que mantienen y cuidan el lugar como pueden.

La historia transcurre durante las vacaciones de verano. Marcos ayuda a su familia con las tareas diarias de la casa y el campo. En sus ratos libres, a escondidas, cose a máquina ropa femenina y la prueba él mismo, junto con un poco de maquillaje en la cara.

Martín Rodríguez Redondo dirige esta película basada en un hecho real, sucedido hace unos diez años, que conmocionó en su momento a la opinión pública. Los acontecimientos adquirieron tal relevancia que hasta el día de hoy se lo recuerda.

Bajo un clima de opresión y hostigamiento diario, proveniente de unos muchachos del vecindario por ser homosexual, transcurre la vida del protagonista, que nunca dudó de lo que sentía y quería. Jamás se lo cuestionó. Desea ser mujer y alejado de las miradas inquisitorias, actúa y viste como tal. Pero si ser así en una gran ciudad es muy difícil, en un pueblo chico y, además siendo pobre, se torna traumático. La intolerancia se acrecienta de parte de su madre Olga (Catalina Saavedra) y del hermano (Ignacio Giménez), cuando muere Carlos (Germán De Silva) y la familia queda a la deriva.

Pese a todo y contra todos, Marcos no piensa en cambiar de actitud. Se siente una chica. La única que lo comprende y apoya es Laura (Josefina Paredes), su mejor amiga, que está siempre a su lado.

La película está narrada con una estructura dramática tradicional. El tono es monocorde al igual que la dinámica. Salvo algunas escenas desarrolladas con más agilidad. El director no utiliza música o ruidos incidentales, prioriza el sonido ambiente. Sólo altera el clima, un par de cumbias que suenan en el boliche pueblerino cambiando la atmósfera agobiante que rodea al relato.

Cabe destacar la interpretación que hace Walter Rodríguez. Cuando tiene que ser un hombre frente a todos siempre está serio, introvertido, dice las palabras justas. Pero cuando puede transformarse en una chica, la hace muy mujer, delicada y amorosa. Los movimientos rústicos de varón los convierte en plásticos y femeninos, sin inconvenientes.

Los hechos reales fueron una inspiración para el realizador. Eso no implica que lo expresado en pantalla fue como pasó exactamente en la realidad, sino que está planeado de ese modo para que funcione cinematográficamente.

La decisión de Marcos en ser Marilyn tiene sus consecuencias. Pero eso no lo amedrenta. Tiene plena conciencia que el problema por ser así, lo tienen los otros, no él, y eso no lo puede tolerar. Porque sólo quiere ser como es y no lo dejan

El Prode de los Oscars