Marea y viento

Crítica de Diego Batlle - La Nación

Hace ya casi dos décadas, el francés Nicolas Philibert estrenaba Ser y tener, un excelente documental sobre la incansable tarea de un docente en una precaria escuela rural del pueblo de Saint Etienne sur Usson. Ahora, el prolífico Ulises de la Orden (hace un par de meses estrenó Nueva mente y hace dos semanas lanzó Vilca, la magia del silencio) presenta un retrato que tiene varios elementos en común, aunque en este caso la mirada es coral, más centrada en la dinámica de grupo que en la épica individual.

El director de Río arriba, Tierra adentro, Desierto verde y Amanecer en la tierra llevó su cámara hasta la escuela experimental Los Biguaes ubicada en el Delta (sobre el río Carapachay). Como bien se explica en una de las reuniones entre docentes y padres, ese centro educativo no cuenta con apoyo del municipio de Tigre, ni de la provincia ni de la Nación y se sostiene gracias a la producción de una panadería en la que participa toda la comunidad educativa.

Los 70 minutos de este austero documental observacional (que tienen como otro antecedente directo a La escuela de la señorita Olga, de Mario Piazza) se dividen entre las actividades didácticas (mucho más creativas y menos formales que en la educación tradicional) y las reuniones en las que los miembros de esta suerte de cooperativa debaten cómo llevar adelante este proyecto alternativo y gratuito en una geografía, con condiciones climáticas y en unas condiciones económicas extremadamente difíciles. Contra marea y viento.

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