Maracaibo

Crítica de Sergio Del Zotto - Visión del cine

Miguel Angel Rocca regresa al cine como director, luego de siete años, con Maracaibo.
Gustavo (Jorge Marrale) es un médico cirujano casado con Cristina (Mercedes Morán) que es oftalmóloga. Tienen un único hijo: Facundo (Matías Mayer) que ha decidido no seguir los pasos de sus padres y estudia artes visuales. A poco de recibir un nombramiento, Gustavo descubre por accidente que su hijo es gay. Unas noches después el chico es asesinado durante un robo en la casa familiar, tratando de proteger a sus padres. Se desencadena un derrumbe emocional en la pareja que cobra una nueva dimensión cuando el asesino del hijo es detenido y el padre de la víctima decida visitarlo en la cárcel. Es ahí donde el asunto virará (en apariencia) a thriller de venganza.

Maracaibo es un film sobre los vínculos, sobre el sentir culpa por lo no dicho a tiempo y también acerca de los mandatos. Habla sobre cuánto de los padres tienen los hijos, acerca del diferenciarse, de hacer elecciones distintas y de cuánto se paga por aceptar o no lo que el otro elige ser y cómo eso impacta en los lazos familiares.

Miguel Angel Rocca y el coguionista Maximiliano González trabajaron sobre material sensible como es el dolor insoportable de asumir el desorden natural de sobrevivir a un hijo. Además de un tema coyuntural de alto impacto (la seguridad, las entraderas a casas de familia) evitando todo trazo grueso de lugares comunes. Y cuando el tema parece girar hacia la venganza, no cae en los infiernos de la marginalidad extrema ni la violencia exacerbada. En ese sentido, la película es más cercana al abordaje de El hijo (Jean-Pierre y Luc Dardenne) con su tensión entre venganza y comprensión hacia el asesino. También tiene puntos de contacto con otros filmes que abordan la misma dolorosa experiencia como La habitación del hijo (Nanni Moretti), La memoria del agua (Matías Bize), o El laberinto (de John Cameron Mitchell con Nicole Kidman). Porque, en definitiva, nunca se termina de asumir un tema que resulta imposible de admitir y en el que todas son preguntas que quizás nunca encuentren respuesta ni consuelo.

Es en las actuaciones donde Maracaibo encuentra su punto más alto con un Jorge Marrale inmenso en talento y recursos: nunca sus ojos claros mostraron tanta dicotomía entre reflejar toda la tristeza del mundo contenida en una mirada y un odio extremo cargado en su afilada vista. En una película que tiene al silencio y al cruce de miradas como alguno de sus elementos esenciales. Mercedes Morán es el otro pilar de actuación en esta pareja que se desmorona irremediablemente en lo que hasta el momento del asesinato era una familia funcional a su manera. Con un alto nivel en los actores de reparto como Matías Mayer, Nicolás Francella, Alejandro Paker y Luis Machín, en uno de los elencos mas compactos y parejos del cine nacional.

Como lastre Maracaibo tiene un excesivo celo en mostrar más sobre el objeto de amor del hijo muerto, por no develar algo clave. Quizás porque todo gire desde el punto de vista del padre, que es quien desconoce aspectos de la vida del asesinado y busca desesperadamente una clave, una contraseña que le permita entrar en su computadora y en su mundo, en todo lo que quedó trunco; en parte por la muerte y también por prejuicios.

Maracaibo y su director, Miguel Angel Rocca -un realizador con oficio, en su tercera película-, toman riesgos. No todos los superan pero el sedimento más importante es afrontar la madurez de dar la cara a temas no siempre amables. Dura, reflexiva, pero necesaria.