Mar de sangre

Crítica de Nicolás Pratto - Funcinema

REESCRIBIR LA HISTORIA

¿Por qué hacer una película de mafiosos si ya existe El padrino? ¿Por qué hacer una buddy movie si ya existe Arma mortal? Pareciera que la frase “ya todo está inventado” es un hecho, pero también lo es “todo público se renueva”. Resulta curioso que en la actualidad, donde prima la cultura pop y todo es un festival de referencias, el público joven reconozca el guiño, pero carezca de su profundidad. Saben que El padrino es “una de mafiosos” pero no la han visto. Ojo, tampoco me quiero desligar, escribe alguien que conoció El ciudadano gracias al episodio de Los Simpson de Burns y su oso Bobo. Entonces, ¿por qué hacer una película de un tiburón asesino si ya existe Tiburón? ¿Why not?

Mar de sangre es una película que desde el inicio hasta el final cumple todos los casilleros: vacaciones en un país centroamericano genérico, jóvenes divirtiéndose, hormonas y problemas que los llevarán a la deriva del mar con un tiburón hambriento. La película dirigida por James Nunn tiene una duración de 84 minutos; a partir del minuto 14, nuestros protagonistas ya están a mar abierto e incomunicados. Los mismos son tres amigos (el deportista, el fiestero, el negro) y dos amigas (la fiestera y la voz de la razón). Al menos tienen el decoro de que el único personaje que tiene un color de piel diferente, no sea el primero en morir… es el segundo. Por su parte, el tiburón respeta la tradición de Tiburón, que a su vez extrajo de Cat people, la de no mostrar al monstruo.

¿Por qué verla? Porque satisface ese deseo que tenemos como espectadores de ver jóvenes bellos y exitosos ser devorados por un tiburón, en otras palabras, “el que las hace, las paga”. Casi como un aviso de Luchemos por la vida, pero más entretenido y menos traumatizante.