Maligno

Crítica de Hugo Zapata - Cines Argentinos

Maligno es un proyecto bastante particular de James Wan donde el cineasta expresa su resistencia a ser encasillado dentro de un estilo determinado de cine.

Algo que ya había demostrado previamente cuando decidió involucrarse en filmes como Rápido y furioso 7 o Aquaman, donde se alejaba del género de terror con el que suele estar vinculado.

Su nueva obra se relaciona con el horror pero ofrece un espectáculo radicalmente diferente a lo que fueron las historias de El conjuro o Insidious, centradas en las posesiones demoníacas.

Maligno no es otra cosa que una celebración cariñosa de la estupidez y el delirio que primó en las producciones clase B y Z de los años ´80.

Wan le rinde tributo a esas películas marginales de culto, que generaban más risas que miedo, con la paradoja que la reivindicación en este caso tiene lugar dentro de una propuesta mainstream financiada por un estudio importante.

Si el nombre del director y sus antecedentes en la taquilla no hubieran estado involucrados, jamás en la vida Warner Bros le hubiera dado luz verde a este guión que tira los conceptos de la lógica y la coherencia a la basura.

El film comienza con un primer acto muy sólido que amaga con desarrollar una especie de neo-giallo, que evoca el cine de misterio y horror italiano de los ´70.

Sin embargo, esa impresión enseguida se desvanece y resulta ser una ilusión de la narración de Wan para encubrir el verdadero espíritu de la trama.

El corazón de Maligno se encuentra en el cine bizarro de Stuart Gordon (Castle Freak) y muy especialmente la comedia de horror de Frank Henenlotter, quien fue responsable de títulos cutre inolvidables, como Brain Dead y la trilogía Basket Case, por la que Wan parece tener una notable devoción.

En un momento de este film donde tiene lugar la gran revelación del misterio, el director abraza la excentricidad y desquicio de Henenlotter para elaborar una oda a la ridiculez que ofrece algunas secuencias desopilantes.

Me parece importante destacar esta cuestión ya que los espectadores que busquen el tipo de experiencia que ofreció El conjuro saldrán del cine notablemente decepcionados.

Los últimos 40 minutos donde a Wan no le importa nada y explota toda la cursilería y ridiculez que primó en el horror de los ´80 es la gloria para quienes nos gusta ese tipo de clásicos que el establishment de la crítica vapuleó toda la vida.

No obstante, también hay que mencionarlo, para otro segmento del público esto podría resultar una basura y probablemente se cuestione la sanidad mental del director.

Más allá de algún exceso de CGI, el film tiene una ejecución impecable a la hora de construir situaciones de tensión y suspenso, muy especialmente en la primera mitad del conflicto donde se encuentran los pocos momentos serios del relato.

La fotografía de Michael Burgess y la banda sonora de Joseph Bishara contribuyen a acentuar esas atmósferas macabras, donde sobresale también el diseño visual del villano.

Otra gran acierto de Wan en Maligno reside en el casting de Annabelle Wallis para el rol principal. Una actriz amiga de la sobreactuación que protagonizó la primera entrega de Anabelle y en este film encuentra sus mejores momentos cuando explota sus expresiones exageradas.

En este caso particular creo que la recomendación va con reservas. Quienes sean adeptos del cine bizarro clase Z probablemente la terminen por apreciar más que los espectadores que busquen una producción de James Wan cercana a sus obras previas.