Malasaña 32

Crítica de Pablo E. Arahuete - CineFreaks

El fatídico tercer acto.

Si bien se pueden rescatar de este opus del director Albert Pintó elementos sueltos como por ejemplo una buena ambientación, climas aislados que saben aprovechar el espacio de una construcción añeja y muy propicia para relatos de fantasmas, Malasaña 32 presenta todos sus malos vicios y arrastre de inconsistencias de guión en el famoso y fatídico tercer acto.

Eso significa que si nos ponemos a dividir el relato en tercios, las dos terceras partes de la película cumplen, sin alta calificación ni calidad, pero con una coherencia entre lo que se representa y aquello que se sugiere no por medios visuales.

La sugestión desde el sonido, que explota esa característica de las casas habitadas por fantasmas mientras las víctimas de turno -mortales ingenuos- atraviesan todo tipo de sustos bajo la ambigüedad de un punto de vista que parece tener un vínculo paranormal con una entidad, responde al recurso del golpe de efecto sin otra característica extra como complemento para construir escenas de miedo funcionales al desarrollo de la trama.

Ese detalle es el que con el correr de los minutos se vuelve predecible y le quita todo tipo de sorpresa a lo que pueda llegar a venir, una vez que la dialéctica silencio-ruido no se altera, así como tampoco los clichés en las actuaciones.

Para decirlo en pocas palabras: Malasaña 32 es una película de terror que conoce al dedillo las reglas del género y las aplica con prolijidad, pero su director Albert Pintó (Matar a Dios) no las supo aprovechar con astucia para generar ese plus que le hubiese permitido superar una historia tan poco original como la de la familia Olmedo compuesta por papá, mamá, abuelo, hermana y hermanito, quienes arriban de un escenario rural a la urbe desconocida y peligrosa para comenzar una nueva vida en una casa embrujada, con nexo directo a un pasado en el que un secreto oculta una historia y hace de esa espiral de ocultamientos el caldo de cultivo para la ira incontenible de una entidad, quien no descansará y buscará cuerpos en los cuales manifestarse.

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