Magallanes

Crítica de Kekena Corvalán - Leedor.com

Se presentó esta semana en Argentina -y la pudimos ver en Pantalla Pinamar- la película peruana Magallanes, dirigida por Salvador del Solar en calidad de ópera prima como director de cine y protagonizada por Damián Alcázar, Magaly Solier Romero (Madeinusa, La teta asustada), Cristian Meier y Federico Luppi.

Una vez más, el episodio trágico de la historia contemporánea del Perú, el combate y aplastamiento de la guerrilla terrorista de Sendero Luminoso durante las pasadas décadas del 80 y 90, sigue dando potentes historias colaterales para un cine elaborado que se afirma en el panorama regional.

La película cuenta la historia de Harvey Magallanes, un ex soldado en Ayacucho, norte del Perú (zona de campesinos que fuera uno de los centros de acción de Sendero…), que se gana la vida como taxista y continúa unido a ese núcleo del ejército, que parece sostener un pacto de silencio y obediciencia. Magallanes se encarga de pasear a su superior, un alto militar ahora senil y en silla de ruedas, acatando todavía su autoridad y la del círculo que lo rodea.

Accidentalmente se reencuentra con Celina, una joven mujer pobre y reconoce en ella una historia muy negra de su pasado, un delito imperdonable, que lo llena de culpas y que activa su remordimiento y su necesidad de reparación frente al abuso y la violencia de género del que fue cómplice.

La película es muy interesante porque tiene ribetes de cine social y de policial al mismo tiempo. Es muy sólida desde la factura cinematográfica: el guión está bien ajustado y se narra con un ritmo preciso, mediante indicios que van marcando la progresión dramática, en un universo donde prima la dignidad y la fortaleza de la mujer por encima de cualquier otro personaje. Hablamos de cine social por todo el recorrido de la Lima periférica de los cerros que se accede desde el taxi del protagonista, y también por la múltiple condición de vulnerabilidad de Celina: niña, mujer, india y pobre.

El parlamento final de la mujer, espetado con tanta potencia en lengua quechua en la comisaría, y sin doblar al español, es un punto culminante desde lo dramático, y también una suerte de manifiesto político. Luego de todas esas palabras (que se oyen, se perciben, se sienten, ý aunque no se conozcan, se comprenden), todo quedará exactamente igual que antes, salvo quizás, la propia Celina, que parece liberada en su propia dignidad, a juzgar por el plano final que cierra el filme.

Magallanes se exhibió en el marco del Festival de Cine Pantalla Pinamar 2016, y fue estrenada en Buenos Aires la misma semana, el jueves 10 de marzo de este mismo año.