¡Madre!

Crítica de Manuel Yáñez Murillo - Otros Cines

Pocos cineastas de la órbita del Hollywood actual pueden enorgullecerse de ostentar una obra tan compacta y coherente como la de Darren Aronofsky. Desde su ópera prima, Pi, el cineasta neoyorquino no ha dejado de ampliar, película a película, el alcance de su proyecto narrativo y espiritual, basado en la representación laberíntica de ideas elementales: la dimensión trágica y sublime del amor, la idea del talento creativo como losa existencial y una concepción cristiana del sufrimiento como camino hacia la iluminación. En el plano estilístico, pese a la afectación realista de El luchador, el tiempo y el éxito han demostrado que la verdadera esencia de Aronofsky es la del cineasta pictórico y pirotécnico, hijo del impulso fantasioso de Georges Méliès, en su cara más megalómana, efervescente y efímera.

En ¡Madre! Aronofsky juega al despiste con el espectador: lo que empieza como un drama matrimonial deviene un thriller de invasión al hogar, para luego precipitarse por una peripecia apocalíptica y esquizoide que tiene algún punto en común con el desquiciamiento de El club de la pelea. He aquí una película que nunca deja de girar, con pulso terrorífico y surrealista, en torno a una situación poderosamente arquetípica: la mujer embarazada y neurótica que no acepta ser el segundo plato de un marido dominado por el narcisismo del artista/creador. Ideas que se hilvanan a través de sendos homenajes a El bebé de Rosemary y El resplandor, incrustados en un trabajo formal que explora la subjetividad trastornada del personaje de Jennifer Lawrence.

Como ocurría en El cisne negro, uno tiene la impresión de que Aronofsky aspira a conquistar un territorio de vigor plástico y transgresión narrativa propios de la obra de Brian De Palma. El problema es que el psicologismo de baratillo y la parafernalia digital de Aronofsky no pueden competir con la luminosa autorreflexividad de De Palma. Mientras De Palma juega con Hitchcock, Aronofsky maneja una versión de bolsillo de la Biblia.