M3gan

Crítica de Rodrigo Seijas - Funcinema

HISTORIA DE UNA MUÑECA PSICÓPATA

El más reciente film de James Wan, Maligno, que había sido muy respaldado por buena parte de la crítica, era en realidad bastante fallido. En buena medida eso se daba porque el realizador establecía una especie de competencia de egos consigo mismo, donde parecía proponerse demostrarle a todo el mundo (y a él mismo) que podía filmar “una de Darío Argento” y sumarle body horror, slasher, comedia negra y varias cosas más, con un guión de Akela Cooper que solo hacía pie en contados pasajes. Sin embargo, en M3GAN, Wan se corre un poco, solo se queda con los roles de productor y autor de la historia, y deja todo en manos de un director sin mucho nombre, que concreta un gesto tan simple como lógico y efectivo: limitarse a contar una historia que está repleta de lugares ya vistos, pero a los que explota con bastante habilidad y astucia.

El film dirigido por Gerard Johnstone (también con guión de Cooper) tiene una premisa rebuscada y al mismo tiempo predecible, pero con bastante atractivo. Una niña llamada Cady (Violet McGraw) pierde a sus padres en un violento accidente automovilístico y queda a cargo de su tía, Gemma (Allison Williams), una ingeniera en robótica que trabaja para una empresa de juguetes y que lo que menos tiene es instinto maternal. Entonces, para que su sobrina tenga algo de compañía, que alguien cubra sus deberes y, de paso, dar un golpe certero en favor de la compañía para la que labura, Gemma crea a M3GAN (siglas para “Model 3 Generative Android”), el prototipo de una muñeca con múltiples funciones: amiga, cuidadora, compañera de juegos, incluso referente en la vida. Sin embargo, esa muñeca no solo empezará a cobrar consciencia propia, sino que eventualmente llevará sus deberes hasta extremos directamente homicidas.

A medida que avanza la trama, quedan a la vista los distintos referentes con los que dialoga M3GAN, personaje y película a la vez: desde la saga de Chucky a la de Terminator, pasando por la computadora HAL 9000 de 2011. Odisea del espacio, e incluso los aspectos más siniestros de A.I. Inteligencia artificial (y, por ende, Pinocho). Pero, por más que la película se maneje con total autoconsciencia de estas referencias, no se ve en la necesidad de construir un híbrido meta-lingüístico donde los formalismos se impongan a la narración. En cambio, hace lo más simple, que es avanzar con su relato sin prisa, pero sin pausa, mostrando cómo ese vínculo entre la muñeca y la niña va cobrando características cada vez más tétricos. Hay, a la vez, un in crescendo de la violencia, pero sin zambullirse por completo en el gore y prefiriendo trabajar más desde el fuera de campo.

En cierto modo, M3GAN es más un thriller que un film de terror asentado en lo sanguinario, por más que la villana sea un ser despiadado. En eso, se parece más a La huérfana o a la entrega original de Chucky, que era mucho menos explícita que sus secuelas, por citar un par de ejemplos. Es cierto que Johnstone se muestra como un artesano competente y no mucho más, lo que impide que la película alcance los niveles de locura que insinuaba su trama. Pero, a cambio, entrega un equilibrio pertinente para lo que pide el conflicto central, que es el progresivo surgimiento de una asesina serial con múltiples recursos y una moral que lleva al límite determinadas convenciones sociales sobre el cuidado, la devoción y la maternidad. Desde ahí, M3GAN se consolida como un espectáculo que, sin descollar, es muy divertido en el sentido más siniestro del término. Y que nos demuestra que Wan también puede cumplir un rol muy relevante como creador -o quizás reciclador- de conceptos, especialmente cuando no quiere pasarse de listo.