M3gan

Crítica de Paula Vazquez Prieto - La Nación

Consciente de su evidente ligazón con el universo de las criaturas malditas, comenzando por el monstruo gótico del doctor Frankenstein, siguiendo por el Tyrannosaurus Rex de Jurassic Park y con el grotesco eco de Chucky como inevitable espejo, M3gan elige asumir el sustrato de parodia que la precede y situar el horror en ese terreno híbrido, que combina el trauma infantil y la fascinación del adulto por una creación mágica y controlable. A esa premisa se agrega el ojo para el marketing de James Wan, coguionista y productor, y el respaldo de la factoría del terror Blumhouse, que empuja a la película de modesta apuesta del horror de temporada a uno de los grandes sucesos del género de los últimos tiempos. Aún bajo los auspicios de fenómeno que la rodean, M3gan merece bastante de lo que está generando.

Escrita en compañía de su nueva discípula, Akela Cooper -también coautora de Maligno y de la nueva La monja 2 de la constelación de El conjuro-, Wan afirma la historia sobre varias constantes: el retrato de las ansiedades del presente, las tragedias que marcan la infancia, la vocación adulta del eterno juego y la tecnología como resolución a los límites de la vida humana.

Antes que alcanzar a Dios o traer a la vida un tiempo perdido, M3gan viene a aquietar las lógicas inseguridades de Gemma (Alison Wiiliams) a la hora de asumir la crianza de su sobrina de nueve años que ha quedado huérfana. Gemma es ingeniera de una compañía de juguetes en la recta final para presentar un nuevo prototipo de mascota inteligente, más barato y efectivo para sacar al mercado. La noticia de la repentina muerte de su hermana y de su cuñado la deja a cargo de la pequeña Cady (Violet McGraw), y ambas están desconcertadas por esta nueva tarea de ser familia.

M3gan surge del pasado de Gemma, de una de sus primeras creaciones estudiantiles, temprana medida de su genio y sus ambiciones. En este momento de crisis laboral y emergencia parental, la invención de un androide inteligente vestido como una institutriz de los años 50 parece ser el equilibrio perfecto para ayudar a Cady a superar el duelo y a la propia Gemma a rendir en su trabajo y esquivar el trance de la impuesta maternidad. Más allá de los interrogantes existenciales que subyacen, la lógica de la película no deja de ser la escalada de autonomía de la muñeca y el horror como inevitable resultado. A diferencia de Chucky, un agente del caos enemigo de quien gozaba de su propiedad, M3gan convierte a Cady en el objeto de su protección y el motivo del crescendo de esa violencia “defensiva”.

Pero lo mejor de M3gan -siglas de Model 3 Generative Android- no cifra su interés en la sorpresa del espectador sino en compartir el genuino efecto de un espanto latente sumergido tras la apariencia de éxito y control que ofrece la muñeca inteligente. El sustrato de comedia negra le permite asumir con gracia lo ridículo, al mismo tiempo que quitar solemnidad a las lecturas que pueden realizarse sobre la tecnología como parche de los miedos y negaciones. De hecho, la película podría encuadrarse en la línea del trauma como forma del terror -elemento que constituye el eje de Maligno y de la reciente Sonríe-, pero lo hace con un uso efectivo de los recursos del género, invitando a la diversión con aquella iconografía de modernos Prometeos que sigue siendo tan efectiva como siempre.