Lulu

Crítica de Lucas Moreno - La Voz del Interior

Cómo ser un linyera cool

La nueva película de Luis Ortega retrata la vida de una pareja callejera que usurpa una casucha en un parque de Recoleta.

Luis Ortega es conocido desde el 2015 por la miniserie Historia de un Clan, pero antes de su desembarco en televisión, cosechó una filmografía tan extraña como digna de atención: Caja negra (2002), Monobloc (2005), Dromómanos (2012), entre las más destacadas.

Películas reacias a un público masivo por su excedente de experimentalismo o demencia. Sin embargo, este patrón se quiebra con Lulú, una obra bisagra, el intercambio de narrativas herméticas por otras más asequibles y formales, cercanas a la de Historia de un Clan.

Aquellos que fueron capturados por la poesía tétrica de esta miniserie, por esos instantes inmortales, como Tristán cantando el feliz cumpleaños con un globo rojo, Cecilia Roth dejando que una aspiradora se lleve el humo de su cigarrillo, o Verónica Llinás interpretando en piano a Satie, no deben perderse bajo ningún punto de vista este filme que retoma los mismos estados festivos y macabros.

Contamos aquí, además, con una propuesta actoral descomunal a cargo de la siempre misteriosa Ailín Salas, y especialmente de Nahuel Pérez Biscayart, ese cuerpo delgado y hosco de ojos extraterrestres que aquí encarna a un personaje similar al de La Sangre Brota (2008), de Pablo Frendrik, pero reformulado por el humor perverso de Ortega.

Lulú retrata la vida de una pareja callejera que usurpa una casucha en un parque de Recoleta. El contexto ya es bizarro: son marginales de zona norte, vagabundos hípsters que harán del delito un snobismo, que bailarán sin motivos y usarán las armas para dispararle al vacío.

El éxtasis del filme recae en la capacidad de Ortega para generar bifurcaciones que nos conduzcan a atmosferas caprichosas y esquizoides, planos compuestos con exquisitez aunque de contenido incómodo o directamente incomprensible. Esta ambigüedad empuja la película hacia un clima de glamour podrido, una exploración estética del mal bastante plácida.

Tal como sucedía con la familia Puccio, viviendo su fantasía de clase media en ascenso a costas del crimen, aquí los protagonistas de Lulú eligen el purgatorio de una libertad descerebrada. El interés de Ortega será calcular cuánto tiempo estos jóvenes pueden deambular por el laberinto que ellos mismos se crearon.