Los tres chiflados

Crítica de Bernabé Quiroga - CiNerd

HUMOR A SEGUNDA VISTA

Mientras veía LOS TRES CHIFLADOS (THE THREE STOOGES, 2012), en los momentos en los que no me reía, estaba seriamente pensado en lo estúpida y ridícula que era. Lo que digo parece ser tan irónico como incoherente, pero en realidad no lo es. Es más simple de lo que creen. Si bien creo que TODOS en la sala se reirán (al menos con uno o dos chistes), la nueva comedia de los hermanos Farrelly, basado en el clásico trío humorístico de los años 30, funcionará solo para algunos. Primero, los niños muy niños. Segundo, los fieles seguidores o simpatizantes de los Tres Chiflados originales o del tipo de comedia slapstick. Todo esto pasa porque en esta adaptación al cine, no hay filtro. Larry, Curly y Moe son simplemente sacados de su época y de los tonos de grises, y puestos en nuestros tiempos y a todo color. Si esa idea ya les produce nauseas, entonces por nada del mundo vean LOS TRES CHIFLADOS. Pero si tienen ganas de volver a ver a los mismos idiotas de siempre lastimarse inocentemente entre ellos y a los que los rodean, dense una vuelta por el cine. Puede que su guión sea lamentable, la dirección muy pobre y sus actores unos simples imitadores de los personajes originales, pero de algo no hay duda: es más fiel de lo que creíamos y sus clásicos chistes los golpearán una y otra vez, hasta dejarlos en el piso.

A pesar de que está dividido en tres bloques/episodios de media hora, el film cuenta una historia general: Intentando salvar el orfanato en el que crecieron, Moe (un genial Chris Diamantopoulos), Larry (un Sean Hayes muy insípido y desaprovechado) y Curly (un correcto Will Sasso) se involucran por accidente en una trama de asesinatos y shows de Tv. Si bien dicha división intenta a darle originalidad y asemejarse más al programa, de nada sirve. Además de ser débil, predecible, tonta y demasiado infantil, su historia es solo una excusa para ver a Larry, Curly y Moe haciendo de las suyas. Todos sus conflictos son resueltos de manera forzada e inesperadamente estúpida, y los diálogos - cuando no están siendo usados como juego de palabras - son simplemente patéticos. Los personajes secundarios, a cargo de reconocidas figuras televisivas (Jane Lynch, Sofía Vergara y Larry David), tampoco aportan demasiado. En resumen, un libreto muy pobre que disgustará a los adultos que vayan a ver LOS TRES CHIFLADOS, y que solo se salva por contar con secuencias que exprimen el humor físico hasta la última gota (algo que no se veía desde hace tiempo). Pero ese también es a veces un problema, porque el film llega a abusar de muchos de sus chistes (e incluir algunos de mal gusto, como el del corcho golpeando el orto de un león) hasta el punto de gastarlos. Y bueno, después de tres episodios de “Los Tres Chiflados”, cualquiera se cansaría de ver como Moe le pica los ojos a Curly por enésima vez ¿O no? Aquí pasa eso.

Hay adaptaciones y remakes que valen la pena, otras que son experimentos interesantes y otras que simplemente no deberían hacerse. Si bien esta logra salir airosa; mostrarle a las nuevas generaciones quienes fueron “Los Tres Chiflados”; ser fiel al material original al punto de crear casi un tributo; entretener en algún punto y presentar una emotiva sub-trama que ayuda a ver más claramente el núcleo de la relación del trío protagonista (no es joda), creo que la película es una de esas que no deberían haberse filmado ¿Por qué? Los Larry, Curly y Moe originales son personajes demasiado icónicos y pertenecen a una época muy diferente de la nuestra. Son eternos. No hace falta verlos renacer y ponerlos en nuestros tiempos, porque se ven ridículos intentando interactuar con un iPhone o con las pseudo-celebridades de “Jersey Shore”. De todas formas, me compadezco de Diamantopoulos, Hayes y Sasso, tres buenos comediantes que logran sostener este film y que se animaron a intentar llenar unos zapatos enormes. Aunque en una que otra escena pensé que lo conseguían, al final de la película, mientras los créditos pasaban, me di cuenta que son solo son una imitación. A veces buena, a veces burda, pero una imitación a fin de cuentas.