Los santos de la mafia

Crítica de Mex Faliero - Funcinema

EL ORIGEN DE LA MAFIA

Haciéndose cargo de su estatus de precuela de una de las series más conocidas de todos los tiempos, Los santos de la mafia comienza con un traveling entre lápidas que nos recuerda a los personajes de Los Soprano, la serie en cuestión. Con habilidad, la película de Alan Taylor y escrita por el propio autor de la original, David Chase, se saca el compromiso de entrada y pasa a lo que importa, lo que viene a contar. Que es no es otra cosa que el típico caso de ascenso y caída de un líder criminal, lleno de guiños a otros relatos de mafiosos y con un aura trágico indisimulable. Que lateralmente sea también el relato iniciático de un joven Tony Soprano es poco más que una casualidad.

No deja de ser curioso que cuando la serie de Chase era una suerte de relectura y actualización de los códigos de los relatos sobre mafiosos, esta película ambientada entre fines de los 60’s y comienzos de los 70’s busque menos una conexión estética con Los Soprano y piense más en función de cómo retrataban este universo directores como Martin Scorsese o Francis Ford Coppola. Si la serie trabajaba sobre la base de lo ya escrito para llevar al espectador por otros territorios, Los santos de la mafia parece querer volver e inscribirse dentro de aquella mitología. Y lo logra, gracias al conocimiento que demuestra Chase y a su talento para construir personajes interesantes, con dimensiones, que son más que meros arquetipos, empezando por el Dickie Moltisanti de Alessandro Nivola, tío de Tony y verdadero protagonista de la película.

Los santos de la mafia se edifica a través los vínculos familiares, en una cruza trágica que va de El padrino a Shakespeare, con traiciones, lealtades y relaciones paterno/filiales de lo más difíciles y complejas. Así el pobre Dickie Moltisanti irá ascendiendo en el mundo del hampa, mientras se vuelve un referente para el pequeño (y luego adolescente) Tony Soprano. Nivola es un actor de carácter, pero también uno que sabe abordar eso con sutilezas. Y esa complejidad del personaje vuelve tan imprevisible su andar (un par de crímenes que comete aparecen como decisiones intempestivas), volviendo a la película igual de zigzagueante. Al relato clásico de gángsters, el film de Taylor (que por una vez pudo hacer buen pie en el cine) le suma un aspecto político, retratando la rebelión de la comunidad negra y el ascenso de un líder en el espectro mafioso. Eso, que parece responder a exigencias del Hollywood actual, se corresponde en todo caso con un proceso histórico. Si Los santos de la mafia parecía en algún momento un capricho o algo innecesario, David Chase se encarga de justificar cada minuto de esta película y, también, de las obvias películas que comenzarán a llegar a partir de aquí. O de la nueva serie, vaya uno a saber.