Lo que fuimos

Crítica de Mex Faliero - Fancinema

SOBRIO MELODRAMA FAMILIAR

Hay una madre que muestra la evidente degradación del Alzheimer. Hay una familia que se reúne, por unas horas, en un mismo espacio: el hogar fundante. Hay una celebración, la Navidad, merodeando y contagiando con su espíritu introspectivo. En Lo que fuimos, la ópera prima de Elizabeth Chomko, hay varios de esos elementos que ya vimos muchas veces en las películas norteamericanas (es una mezcla de film sobre reuniones familiares con film navideño y drama sobre enfermedades), algunos destinados al zamarreo lacrimógeno, pero que por algún motivo lucen aquí no sólo renovados, sino honestos en la forma en que articulan su discurso. Será que la propia directora confesó incluir muchos datos autobiográficos en este relato, pero lo cierto es que uno nota en las formas esa mesura y ese pudor para contener emociones que podrían descarrillar en cualquier momento.

Alrededor de la madre con Alzheimer giran los conflictos principales del relato: un par de hijos absolutamente insatisfechos, una nieta sin metas y un marido que exacerba la fortaleza del vínculo para disimular la angustia existencial que lo carcome. Con todo esto, Chomko podría haberse hecho un festival de la misantropía y la miseria humana, pero Lo que fuimos -a partir de un sentido del humor bastante particular- se convierte en otro cosa, en una película que indaga en la familia, en esa construcción social idealizada, desarticulándola pero sin caer en golpes bajos ni lecciones de vida o moralinas. Hay personajes honestos, situaciones bien planteadas sin caer en subrayados, una mirada melancólica que no precisa de los excesos ni las provocaciones para exhibir un malestar. Lo que fuimos bordea el indie, pero se aleja de cierta pose maniquea molesta y afectada. Es un relato en la senda del drama familiar clásico y la directora se siente cómoda trabajando en esos límites del cine industrial sin someterse (más allá de algún giro) a sus manipulaciones.

Si Lo que fuimos luce por una sobriedad infrecuente en el melodrama norteamericano contemporáneo, tal vez el combustible fundamental son las actuaciones de un elenco sin fisuras: Hilary Swank, Blythe Danner, Robert Forster (un actor de estirpe clásica como quedan pocos), Taissa Farmiga están perfectos, sutiles y magnéticos aunque sus personajes por momentos se puedan convertir en un cliché. Pero donde más se nota la mano de Chomko para dirigir intérpretes es en la presencia de Michael Shannon; actor que suele estar siempre un par de tonos más arriba de lo que la escena necesita, aquí aporta, como el hijo exhausto que busca terminar con algunos asuntos, una humanidad infrecuente en su registro. Humanidad que destila la película misma, y que la distingue por sobre todas las cosas. Decididamente Chomko es un nombre a seguir en el cine norteamericano.