Lady Bird

Crítica de Matías Gelpi - Fancinema

DESILUSIONES Y CRECIMIENTOS

No es difícil definir a Lady Bird en pocas palabras, podríamos decir que es una comedia dramática adolescente de crecimiento, con la estética del indie norteamericano, que apuesta a un tono realista que hasta puede considerarse naturalista en algunos casos puntuales. Pero todo lo anterior es pura pedantería fría y autosuficiente, que poco sirve a la hora de hablar de un relato cálido y emocionante como el que cuenta es este film dirigido por Greta Gerwig.

La historia gira en torno a la vida Lady Bird, así es como se hace llamar Christine McPherson, una adolescente interpretada por Saoirse Ronan en una actuación que según el consenso mundial (al que adherimos) es brillante. Lo que se nos cuenta son una serie de sucesos en torno a su último año de preparatoria, su situación familiar, sus amigos, el futuro, el despertar sexual y todo aquello que nos estresa cuando está por terminar la secundaria y de repente debemos ser adultos y tomar decisiones. Gerwig se concentrará en mostrarnos el origen de todo lo que es Lady Bird y en lo que intuimos se convertirá; lo que le importa son las emociones y su significado, ya que crecer es, de alguna manera, descifrar el significado de lo que sentimos.

La acción transcurre en 2002/03 y un relato arquetípico de la adolescencia de toda una generación, aquella que creció mientras veía al mundo reconfigurarse post 9/11, cuando junto con las torres se vino abajo la herencia conceptual del Siglo XX. No hay nada extraordinario en la vida de la protagonista, viene de una familia de clase media con más o menos dificultades económicas cuyos valores son puestos en crisis diariamente. Una vida un poco mediocre y frustrante como la de cualquiera, una vida que terminará desilusionándola y de la cual reniega con razón. Pero todos sabemos que crecimiento es desilusión, el problema es ver qué hacemos con nuestras frustraciones: nos juntamos a leer El secreto, o a Coelho, o recurrimos a la homeopatía (o cualquier solución fácil y falaz equivalente); o nos redimimos y crecemos. El camino que nos cuenta Lady Bird es el segundo, y Gerwig, en esa mezcla de fluidez narrativa, sensibilidad y cariño por su personaje principal, hace que el clásico relato de crecimiento sea una bienvenida a para la vida.

Por otro lado, más allá de que el arco argumental principal es la relación de Lady Bird con su madre y de qué manera ese contrapunto constante forja la identidad de la protagonista, resulta interesante ver el lugar que ocupan los hombres en la historia, que parece ser el lugar de la desilusión y la tristeza. Esto no es sistemático ni puramente discursivo, ahí está la bella relación que tiene Lady Bird con su padre, un sujeto cariñoso que genera empatía pero que también está derrotado y muchas veces es distante. Sin ser explicito, sin haber una bajada de línea, y en consonancia con la bella naturalidad con la que transcurre la película, se dice algo sobre lo que pueden llegar a significar algunos hombres en la vida de algunas mujeres, y ese algo no está muy bueno.

Por lo demás la película de Greta Gerwig se parece a muchas, pero logra identidad y funciona en todos los frentes. Logra ser una película personal con temas universales, habla de las emociones sin facilismo y emociona genuinamente. Una película que a pesar de su melancolía nos dice, despojada de todo cinismo, que todavía hay un espacio para querer la vida aunque sea un poco.