La vida dormida

Crítica de Diego Batlle - Otros Cines

Tras su paso por el IDFA 2020, el BAFICI 2021 y el reciente FestiFreak, llega al MALBA esta mixtura entre el documental político y la home movie, el found footage y el diario íntimo a través de las historias de vida de distintas mujeres de una misma familia a lo largo de varias décadas.

Todo comienza a fines de los '80, con las imágenes en video que filma de manera compulsiva Haydée Alberto, la esposa de Juan Gabriel Labaké, un dirigente peronista de derecha que acompañó a Isabelita primero (fue diputado nacional y luego su abogado) y a Carlos Menem después (como embajador y asesor presidencial). En esas imágenes se combinan los actos con la típica liturgia justicialista y la dinámica familiar, que incluye desde tertulias donde ya se advierten los ejes de la era menemista hasta viajes a resorts caribeños.

Pero lo que convierte a La vida dormida en una película valiosa es, en principio, el montaje (o sea, el recorte y la reinterpretación) que la directora hace de esos materiales de su abuela con el énfasis puesto en el lugar absolutamente superfluo, decorativo, concesivo y sumiso de las mujeres en un micromundo machista y patriarcal como el de la política (más aún en un ámbito conservador como el del menemismo). Pero no es solo eso: Natalia Labaké se acerca tres décadas después a varias mujeres de la familia (desde su hermana Agustina hasta su tía Bibiana) que pasan de ser meros personajes secundarios a protagonistas del relato con su carga de angustia, frustración y resentimiento frente a la opresión acumulada durante tanto tiempo. Así, esa vida dormida a la que alude el título se resignifica en una película recobrada en estos tiempos de necesario empoderamiento femenino. Una mirada al desgastado espejo del pasado para reflejar una nueva y superadora imagen.

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