La tierra roja

Crítica de Brian Macchi - Fancinema

EL MENSAJE

La problemática de los agrotóxicos resulta ser bastante nueva dentro de las cuestiones medioambientales que se analizan, ya que a partir del hartazgo de quienes sufren sus consecuencias se pudieron conocer las calamidades que provocan estos químicos en la naturaleza y, principalmente, en los seres humanos.

Un film que aborda esta temática es La tierra roja (exhibida en la pasada 30ª edición del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata), donde se presenta a Pierre, un extranjero que trabaja como capataz en el obraje de una multinacional en plena selva misionera, desmontando bosques y plantando pinos para fabricar papel. Pasa sus días entre su trabajo en el monte y un equipo de rugby juvenil que entrena con pasión. Pero su vida cambia cuando se enamora de Ana, una maestra rural preocupada por los problemas que el uso indebido de los agroquímicos está provocando en la población.

Mediante la utilización de una simple historia de amor y de las vivencias de las personas que viven en la selva misionera, la película intenta exhibir la cuestión de los agrotóxicos en forma directa y concreta. Más allá de sus falencias en lo narrativo y la floja labor de los actores, lo importante aquí es el meta-mensaje que quiere transmitir, al exponer esta cuestión medioambiental y plantear un debate al respecto.

Dentro de esta búsqueda, posa su mirada en cómo es el propio pueblo nativo el que decide luchar en contra de quienes contaminan. El cambio de visión sobre lo que se está haciendo proviene desde las propias raíces de la comunidad y nunca de algún organismo que controle dicha circunstancia; de una autoridad competente que vigile que los trabajos u obras se realicen en forma correcta.

Asimismo, La tierra roja intenta mostrar cómo el Poder pareciera siempre defender a quienes intoxican. El gobierno y la policía se encuentran del lado de las empresas, que sólo les interesa su negocio y sus ganancias, formando una alianza que ya se ha observado en forma reiterada en varios trabajos que también abordan tópicos semejantes. Todo esto permite comprender que se trata de un modus operandi que se repite en todos los lugares donde se busca generar conciencia ambiental.

En definitiva, La tierra roja resulta pobre como experiencia cinematográfica y bastante básica en muchas cuestiones; sin embargo, su fuerte se encuentra en lo que busca difundir, el mensaje que quiere transmitir y poner sobre la mesa un asunto que muchos quieren ocultar porque no les conviene que se sepa. Ahí es donde cobra un sentido mayor al que su desarrollo merece.