La señora Haidi

Crítica de Fernando Sandro - Alta Peli

Suspenso desde la base.

Una carretera perdida, una mala opción para tomar un atajo, una casa en el medio de la nada, una pareja, un accidente, y una dueña de casa con dobles intenciones. Elementos típico de una película de terror o suspenso que La señora Haidi llevará a un plano local.

Con la creciente ola de cine de género salido de nuestro país, podemos toparnos con argumentos que intentan atraparnos desde la originalidad, las ingeniosas vueltas de tuerca, y los elementos que las hacen llamativas desde lo diferente. También podemos encontrarnos películas que apuntan a lo tradicional, a las estructuras conocidas bañadas de un sabor local para hacer el tópico distintivo.

La señora Haidi muestra sus influencias de modo bastante directo. No costará mucho encontrar sus referencias a poco de iniciado el film, por lo que el camino que transitará será el de la tradición que respete el género muy “al uso nostro”.

Daniel Alvaredo, en conjunto con el guionista Osvaldo Canis, tienen como antecedentes dos películas, Paternoster y El peor día de mi vida que si algo tienen en común con esta es su tratamiento local de los géneros, casi a modo costumbrista. La construcción de diálogos, la cercanía de las puestas, y el modo en que las historias se estructuran, apuntan a la identificación con nuestra idiosincrasia, lo cual ayudará a que el resultado final tenga otro color para el espectador.

Desde Misery a Carrie, podemos encontrar detalles aquí y allá, pero todo desde una mirada muy local.

La anfitriona los está esperando:
La señora Haidi cuenta la historia de una pareja, Pablo y Mara, interpretados por Guillermo Pfening y María Abadi. Ambos llegan a una casa en medio de una carretera perdida sin nada alrededor. Por ahí se escuchará que alguien quiso tomar un atajo y le salió mal; lo típico.

En esa casa, como único refugio, aguarda la señora Haidi (María Leal), una mujer que en un principio se presentará amable, aunque siempre extraña.

La casa está plagada de simbología religiosa, lo mismo que la anfitriona, que lleva una cruz de tamaño considerable colgada de su pecho. Ella acusa haber sido enfermera hace varios años y tener todavía todos los conocimientos en la materia de modo muy fresco; lo cual será útil para esta pareja de accidentados. También dice tener un marido, aunque el hombre no aparece.

A medida que avance la historia, Haidi mostrará sus verdaderas intenciones, Pablo deambulará por la casa tratando de averiguar los secretos que se esconden en ella, y deberán idear un plan de fuga del lugar.

No respires:
Si el guion de Canis transita caminos conocidos del suspenso, la puesta de Alvaredo y el debutante Rafael Menéndez se juega por sacar provecho del espacio cerrado que presenta para hacerlo casi ominoso.

Canis es también el director y dramaturgo de la obra teatral todavía en cartel Isla negra, habiéndola apreciado se puede llegar a la conclusión que sabe hacer uso de historias en una única locación, transformar lo que pudo ser estático en algo opresivo.

Uno de sus mayores atractivos será ver a María Leal jugando a esta villana totalmente perversa y desquiciada. La actriz, de extensa carrera televisiva y teatral, no tanto cinematográfica, es reconocida por sus personajes dulces y armoniosos, algo totalmente distinto de lo que le veremos hacer aquí. Haidi es sádica, controladora, y cree tener razón para hacer lo que hace, ella es la mano ejecutora de Dios.

Lo más similar que le vimos hacer a esta actriz, es la contrafigura de Susú Pecoraro en la recordada telenovela Mujeres de nadie en la que casualmente también componía a una jefa de enfermeras religiosa, perversa, y fuera de control. Casi que esta actual Haidi podría ser una continuación del personaje aquel.

Guillermo Pfening luce convincente como el hombre de la pareja que también guarda un secreto, y que oficiará de las piernas del grupo siendo que su mujer se encuentra acostada en pos de las curaciones de esta anfitriona enfermera.

La historia es simple pero a la vez atrapa, el interés no decae, y pese a presentar algunos detalles ninguno es lo suficientemente importante como para derrumbar sus logros. Sí denota un ritmo algo abrupto: algunos instantes del film hubiesen necesitado de alguna escena extra para que el espectador los asimile mejor.

Conclusión:
Una correcta puesta de clima opresivo, mucha tensión, una historia simple y tradicional contada con tintes locales, y una sobresaliente labor de María Leal, son las mejores armas de La señora Haidi, una propuesta que atrapa desde las reglas más básicas del género.