La señora Haidi

Crítica de Cristian A. Mangini - Fancinema

INFIDELIDAD FATAL

La señora Haidi no está entre los mejores exponentes de lo que el cine de terror nacional ha entregado en los últimos años, pero resulta al menos interesante y tiene algunas vertientes que vale la pena destacar. Lo absorbente y siniestro del personaje interpretado por María Leal y, esencialmente, el clima claustrofóbico de la casa, que termina siendo un personaje más, son algunos de los puntos altos. Los problemas son, bueno, todo lo demás y de alguna forma también el personaje de María Leal. ¿Contradictorio? No, en absoluto, un punto alto puede también ser un punto bajo con la progresión del film.

La premisa es sencilla: tras la introducción del misterioso personaje de la señora Haidi (Leal) con una metonimia que se pretende sutil pero no lo es tanto, nos asomamos a la historia de una pareja que se acerca para pedirle ayuda tras un accidente. La señora los hace pasar y les brinda auxilio con sus conocimientos de enfermería, ya que la casa parece aislada en el medio de la ruta, sin ninguna forma de asistencia cercana. En cierto sentido, el film persigue el tópico de “la casa en el bosque”, abriéndose a los horrores y lo misterioso de una locación extraña, algo que se termina confirmando cuando la pareja descubre que la casa encierra misterios inexplicables e inconsistencias en la vida que lleva la señora Haidi. La cuestión se termina de poner fea cuando ella descubra que la pareja no está bendecida por las robustas creencias religiosas que tiene en el matrimonio consagrado, sino que son amantes y el Pablo interpretado por Guillermo Pfening se encuentra casado con otra mujer que no es precisamente Mara, la pobre chica accidentada interpretada por María Abadi.

Dijimos que los climas y la locación son uno de los puntos altos del film porque la casa es lúgubre, con ventanas selladas y un mobiliario antiguo que le da un aspecto decadente. La iluminación es expresiva y de alguna forma previene desde la introducción con su contraste entre el azul y el rojo el malogrado destino de nuestros protagonistas al internarse en la casa. Los colores son tan claves como la iluminación directa que a menudo genera terror desde la extrañeza. Pero también hay decisiones formales que van de poco felices a muy poco felices: la edición por momentos es torpe e interrumpe secuencias de acción al poner el detalle sobre elementos anecdóticos; el uso de la cámara subjetiva en al menos una secuencia en particular que tiene a Gabriel huyendo por un bosque resulta confuso y una decisión inexplicable, tanto como el montaje paralelo que le acompaña; y el uso del fuera de cuadro resulta disruptivo con la secuencia de acción que vimos previamente (supongamos, la persecución de los perros) porque lo que ocurre nunca termina de estar bien ejecutado. En fin, el film tiene muchos de los peores defectos de las ficciones de terror televisivas de nuestro país.

Pero el asunto de la señora Haidi es que resulta un personaje atractivo, su misterio parece mimetizarse con la casa, pero una vez que el film progresa termina siendo una caricatura sin ambigüedades y de una inconsistencia llamativa. Lo mismo los tropiezos de la pobre pareja, que resultan ser pobres víctimas, no sólo de Haidi, sino de un guión que no los lleva a ninguna parte. En fin, muchas de las irregularidades que advertíamos desde lo formal se trasladan al relato, que logra enganchar inicialmente pero de a poco va perdiendo peso y cierta coherencia.

Como dijimos, La señora Haidi es un exponente fallido del terror nacional, con algunas ideas lúcidas malogradas en su ejecución, lo que lleva a que perdamos rápidamente el interés por el destino de los personajes.