La muerte no existe y el amor tampoco

Crítica de Gabriel Piquet - Fancinema

EL HUMOR NOS SALVARÁ

Emilia, la protagonista, viaja desde Ciudad de Buenos Aires a su pueblo natal en la provincia de Santa Cruz para retirar y cremar los restos de su mejor amiga, que se suicidó. Pero la vuelta a su ciudad, un tema recurrente en buena parte del cine independiente argentino, le trae viejos recuerdos (no sólo los de su amiga), sino de lugares, de su padre y de una ex pareja. La muerte no existe y el amor tampoco de Fernando Salem muestra ese encontrarse nuevamente con su pasado y cómo enfrentarlo en algunos casos.

Por una cuestión de densidad, la película funciona mejor en los momentos en los que utiliza el humor, que está puesto como una válvula de escape al tema del suicidio. Las escenas en las que Emilia interactúa con su padre y su nueva familia tienen momentos muy divertidos: Antonella Saldicco (gran actuación) posee el timing para construir pequeños diálogos que generan risa. La relación con su antiguo novio también funciona y hay una escena, cerca del final, que pone la mirada en la mujer y hace pensar en esa frase que a todos nos dio vuelta alguna vez en la cabeza: “cómo hubiera sido mi vida con esa persona”.

Sin embargo no todo funciona tan bien en la película de Salem. Por ejemplo, la relación entre la protagonista y su amiga fallecida no logra construirse de manera acertada. En la novela Agosto de Romina Paula, material de base para la película, la amiga se hace presente desde la voz en off, pero aquí se optó por eliminar ese elemento y por eso su presencia como personaje pierde fuerza. También le juega en contra que los actores con diálogos tienen tanta importancia en escena (Osmar Núñez es uno de ellos) que lo meramente físico que pueda aportar Justina Bustos (la amiga) a su personaje queda un poco eclipsado.