La familia Bélier

Crítica de Ezequiel Boetti - Página 12

Elogio de la autosuperación

Amable, conciliadora y celebratoria del espíritu de la unión y la familia, la de Lartigau es una de esas películas con la cual es imposible enojarse. Tres de los cuatro personajes son sordos, y la trama acompaña los intentos por enfrentar las adversidades y las limitaciones.
Hace exactamente una semana, el periodista Horacio Bernades catalogaba al estreno de Apuestas perversas como “el gesto más subversivo que haya producido el campo de la distribución y exhibición cinematográfica en la Argentina en toda la temporada”. Esto porque el film de E. L. Katz era un auténtico Grinch audiovisual dispuesto a destruir los buenos sentimientos asociados a la Navidad mediante la puesta en primer plano de la ambición y el desapego emocional humanos, encarnados en un dúo dispuesto a todo con tal de ganarse unos cuantos dólares. Siguiendo los paralelismos festivos, La familia Bélier sería lo más parecido a ese tío simpaticón listo para salvar las papas disfrazándose de Papá Noel cuando las agujas del reloj marcan las vísperas de la medianoche del 24/12. Amable hasta lo buenuda, conciliadora y celebratoria del espíritu de la unión y la familia, la de Eric Lartigau es una de esas películas con la cual es imposible enojarse. Lo que no implica, claro, que sea buena, aunque debe reconocerse que, a la vista de los elementos dispuestos sobre la mesa, el menú podría haber sido mucho más difícil de digerir.La familia del título está compuesta por mamá, papá, hijo e hija. Los tres primeros son sordos; Paula, no. Esa condición la convierte en una pieza fundamental del andamiaje del clan operando como intérprete y negociadora del comercio familiar. Comercio que no anda del todo bien, ya que el pequeño pueblo francés está sumido en una crisis económica producto de los negociados del intendente, según se escucha al pasar en un noticiero. Ante esto, papá decide ir por el cargo. “¿Quién va a votar a un sordo?”, le dicen por ahí, abriendo una potencial línea argumental que nunca se profundizará. Porque el film no es un drama social ni un ensayo político sobre la convivencia cotidiana con la discapacidad, sino una feel good movie clásica, sin contrafiguras y centrada en la autosuperación de las adversidades y las limitaciones del entorno. Así, Lartigau apunta el timón a los cambios generados en Paula (Louane Emera, semifinalista de la versión gala del reality La voz) cuando un profesor de música con ínfulas de grandeza (Eric Elmosnino, protagonista de Gainsbourg y encargado aquí de los momentos de humor más logrados) elogie sus melodías y ella descubra que lo suyo no es el ordeñe y la venta de quesos, sino el canto.“Lo único que falta es que sea intolerante a la lactosa”, gesticula la madre ante la noticia. La frase es síntoma de un film que mantiene firme su decisión de evadir los golpes bajos y la lágrima fácil. Más aún, por momentos parece no tomarse demasiado en serio la potencia emocional del material entre manos. El problema es que sobre la última media hora sí lo hace, atendiendo únicamente a la vertiente más familiar, poniéndose cada escena más obvia hasta llegar a un desenlace al ritmo de “Je Vole”, de Michel Sardou, que no hace más que subrayar la intencionalidad de la propuesta. Así, La familia Bélier terminará oscilando entre una comedia sobre la disfuncionalidad que sólo por momento es, y el efectismo digno del perecido Hallmark Channel.

5-LA FAMILIA BELIER

La famille Bélier/Francia, 2014Dirección: Eric LartigauGuión: Victoria Bedos y Thomas BidegainDuración: 100 minutosIntérpretes: Karin Viard, François Damiens, Eric Elmosnino y Louane Emera.